Los guardianes del consenso: medios de comunicación y fiscalización del poder en Cuba

Ilustración: Yissel Álvarez

 

¿Privilegios en el seno de la Revolución? (Gritos de No) ¿Derechos feudales en el seno de esta Revolución? (Gritos de No) ¿Apellidos en el seno de esta Revolución? (Gritos de No) Pues bien, luchemos contra eso y habremos sacado el más saludable fruto de esta experiencia amarga. 

Fidel Castro

 

Hace algunas semanas un video conmocionó a una parte importante de la esfera pública cubana en las redes sociales. Sandro Castro, nieto del Comandante en Jefe Fidel Castro, se vanaglorió de conducir un auto moderno a alta velocidad y declaraba que aunque él era “sencillo, a veces había que sacar los jugueticos que tenían en casa”. Quizás en otro momento este video lo hubiera visto muy poca gente y en corto tiempo habría sido olvidado, pero en una época de complejísima situación económica, y en la que la dirección política del país exige austeridad, trabajo concienzudo y esfuerzo colectivo, el video siembra una duda sobre cuán parejos son esos esfuerzos. La polémica pareció haber sido zanjada con otro video del joven disculpándose por las molestias ocasionadas y aclarando que el carro no era suyo, sino prestado por un amigo, pero la verdad es que ese tipo de cuestionamientos para las audiencias cubanas, solo acaban de empezar.

Una de las funciones clásicas que el liberalismo moderno le otorgó a los medios de comunicación en las democracias representativas fue el de “perro guardián” del poder. O sea que, además de la separación de poderes entre el ejecutivo, legislativo y judicial, habría además un cuarto poder “independiente” que los vigilaría, ese sería la prensa. Una de sus responsabilidades principales sería informar al público sobre cualquier abuso que uno de los poderes ejerciera en perjuicio del otro o de algún individuo o grupo de ellos, así como de la sociedad entera.

Ya se ha demostrado ampliamente que la prensa liberal, con dignísimas excepciones, nunca ha podido cumplir con esa encomienda a cabalidad. Y menos cuando a raíz de los procesos neoliberales a finales del siglo XX, la concentración de capital financiero alcanzó a los medios de comunicación y sus propiedades quedaron aún más restringidas, en muy pocas manos. La interrelación entre los poderes políticos, financieros y mediáticos es hoy mayor que nunca; sin embargo, siempre ha habido periodistas y medios, grandes y pequeños, tradicionales y emergentes, que han arriesgado todo por sacar a la luz historias de uso excesivo del poder político, militar, financiero o de cualquier otro tipo.

El periodismo de investigación lleva más de cien años publicando información de gran interés público sobre los poderes. Desde el famoso Yo acuso de Emile Zola, pasando por los Muckrakers (Escarbadores) norteamericanos y Pablo de la Torriente Brau en la Cuba de los años 30. A Operación Masacre por Rodolfo Walsh en Argentina, los reportajes de Bohemia a finales de los 50, los Papeles del Pentágono de Daniel Ellsberg sobre la guerra de Vietnam y La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska. Al Watergate de Bernstein y Woodward, el escándalo de Irán Contra, los desatinos sexuales del presidente Bill Clinton a finales de los noventa, hasta las filtraciones de Chelsea Manning a Julian Assange y Wikileaks, y el Caso PRISM de Edward Snowden, revelados por Laura Poitras y Glen Greenwald. Es cierto que se corren grandes riesgos y precios altísimos, ahí está Assange preso en Londres con riesgo de extradición a Estados Unidos y Snowden exiliado en Rusia, pero su trabajo nos muestra la posibilidad real de hacerlo y también cuán “democrático” realmente es el capitalismo. Estos son solos los más conocidos, pero hay decenas de reportajes de investigación para probar que es un género imprescindible para el buen funcionamiento de las democracias modernas.

¿Cuál es el panorama actual del periodismo de investigación en medios oficiales sobre el poder en Cuba?

A lo largo y ancho del archipiélago cubano podemos mencionar excelentes reporteros que realizan, apoyados más o menos por sus medios, periodismo interpretativo y de investigación acerca de temas económicos, ambientales, sociales, tecnológicos o de cualquier otro tipo. Pero, ¿cuántos reportajes se han publicado en medios oficiales sobre corrupción, tráfico de influencias, acoso sexual u otro de tipo de comportamiento inadecuado por los políticos, empresarios, cuentapropistas y figuras públicas? Ninguno o muy pocos, para no ser absoluto. ¿Quiere decir que son perfectos? ¿Todos actúan correctamente? ¿Los medios de comunicación no son, además de la contraloría y los órganos militares que aseguran el orden interior, los encargados de velar por que se informe sobre estos hechos? ¿Por qué no se hace? ¿Pueden hacerlo actualmente?

En un país que hizo la revolución socialista más radical del siglo XX, el control popular es uno de sus pilares más poderosos. Si tenemos una prensa socialista ¿por qué no ejercer el tipo de periodismo de investigación sobre el poder que ejercería un alto control popular? El socialismo cubano se robustecería mucho si, acorde con la transparencia que se ha pedido por el gobierno y parte de la sociedad civil, además de la regulación ética de los cuadros políticos, de administración y figuras públicas a todos los niveles, también hubiera una obligación legal de publicar los salarios, declaraciones fiscales y de bienes, a finales de año, de las personas que ocupan esas responsabilidades. Dar cuenta del patrimonio personal antes de ocupar el cargo público, durante y después de abandonarlo. Esa sería una manera de fortalecer el gobierno y brindaría una herramienta de control popular a la ciudadanía.

En general, se hace necesaria una ley de transparencia informacional no solo para las personas que ocupen cargos públicos, sino también para las empresas, ministerios y órganos del Estado, gobierno y Partido. Eso facilitaría el control no solo a las autoridades pertinentes, sino también a la ciudadanía y, por supuesto, a la prensa. Una ley de transparencia junto a una ley de comunicación que obligue a entregar información pública a los medios de comunicación oficiales o cualquiera de sus ciudadanos que la solicite, fortalecería el sistema político cubano pues, aunque no resolvería todos los problemas de delitos o actitudes antiéticas, sí darían un punto de partida para la regulación y una mejor autorregulación de los mismos.

Entendamos que es un derecho del pueblo conocer esos datos y esas historias. Así lo establece la Política de Comunicación del Estado y el gobierno. La información es un derecho público y un bien ciudadano. Además, en la era de internet y la posverdad, en un escenario de guerra no convencional contra la Revolución, no son factibles los manejos secretos al estilo de barrer los trapos sucios por debajo del tapete. Nunca lo fueron y ahora menos. Hace muchísimo más daño un caso de corrupción que se conoce por un medio alternativo o por rumores populares, que presentarlo con todos los elementos en nuestros medios. Sobre todo, porque en el contexto económico y social en el que estamos entrando aumenta la necesidad de que los medios de comunicación oficiales cubran esos temas y, en caso de detectar una información valiosa, investigarla rigurosamente y publicarla.

Esa es una de las funciones principales del periodismo que no se ejerce en nuestros medios oficiales. Por supuesto que habrá excepciones, como en todos los sistemas políticos y de comunicación, si el periodista o el equipo de investigación detectan una historia que afecte directamente a la seguridad nacional, habrá que consultarlo con las autoridades pertinentes siempre y cuando no haya conflictos de intereses. Pero, en general, sería muy saludable que asumamos que el periodismo de investigación, como ejercicio de fiscalización del poder, es un derecho de los periodistas y de la ciudadanía que no debe ser pasado por alto. Para esto estoy consciente de que hace falta que la tan llevada y traída transición de medios estatales a públicos se haga realidad.

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