Yuliet Teresa Villares Parejo: “El amor de Cristo no discrimina”

Ilustración: Eric Piedra

 

Yuliet describe una noche de apagón en su casa de Ciego de Ávila de cuando tenía como ocho años. En una esquina: velas. Cerca de las velas, su hermana mayor y el resto de la familia. La hermana junta las manos en forma de broma y le pide a Dios dos cosas. La primera es que no quiere ser más una mujer negra. La segunda, que nunca le dé por ser lesbiana.

No fue hasta algún tiempo después que Yuliet pudo resumir en un texto sus sentimientos hacia esa escena. ¿Por cuántas cosas, cuántas “expresiones de racismo mi hermana pasó y por eso hacía chistes sobre lo que ella pensaba que era malo? Esto marcó mi vida para bien y para mal”, escribió. Fue quizás el origen de algo que con la madurez identificaría como activismo.

Ahora esa niña que se sentaba con su familia a esperar la luz, trabaja en la redacción web del Periódico Invasor de su provincia, donde firma artículos y reseñas como Yuliet Teresa VP. Me cuenta que fue allí donde le dieron herramientas para escribir y perfeccionar su escritura desde una narrativa periodística. Sabe por experiencia que una de las canalizaciones de la rabia que provoca la violencia es escribir, siempre desde la educación o la denuncia. Y que no podría definir una fecha en la que se dio cuenta de que ese sería su camino, porque es un proceso que se extiende en el tiempo y que casi seguro va a sus inicios.

– Vengo de una tradición cristiana, metodista. De alguna manera, desde antes estaba luchando contra cosas que yo creía que estaban mal. Desde la niñez veía en la interpretación machista de las Santas Escrituras algo malo.

Por eso uno de los fundamentos más básicos de su activismo feminista y por los derechos de las personas LGBTQI+ es mostrar un Jesús diferente, un Jesús alternativo e inclusivo. Una idea que comparte con varios de los espacios en los que participa, como la Iglesia de la Comunidad Metropolitana, la iniciativa “Cristo ama mis colores”, la revista Q de Cuir y Voces Ecuménicas Cubanas, página de Facebook que hace unos meses comenzó una campaña nombrada “Creemos en el amor de Dios”.

 

– Un amor que no discrimina –me dice.

Precisamente los posicionamientos sobre su fe y el amor de Cristo, ha hecho que algunas personas de grupos antiderechos acosen con frecuencia a Yuliet y a quienes piensan como ella en las redes sociales. El espacio virtual cubano se ha convertido en un terreno de constante disputa, desde que en diciembre de 2018 se abriera la posibilidad de conexión por datos móviles para la ciudadanía.

– Lo que hacemos no es contraatacar, porque contraatacando nos posicionamos de la misma manera que los fundamentalismos cristianos, pero sí de mostrar aquello que la gente no ve: que es el Jesús alternativo.

Esta forma de educación comenzó hace unos años, cuando la Iglesia de la Comunidad Metropolitana invitó a Yuliet a un taller de sexualidades no hegemónicas. Yuliet no sabía exactamente el motivo y cuando le pregunta a Elaine Saralegui, pastora de la iglesia, le dice que es porque hacía activismo.

– Esa fue la primera vez que alguien me nombró de esa manera y para mí fue algo determinante.

***

Yuliet suele visitar a su abuelo materno. Un hombre al cual le debe mucho, aunque no sabría decir con exactitud cuánto. Este dato, que se repite tanto y que por ello casi siempre se da por hecho, adquiere un valor especial al saber que su abuelo reconoció que era gay hace más de 50 años, en una ciudad del interior del país, y después de casarse con una mujer y tener dos hijas. Siempre había prohibiciones y reglas cuando dejaban a Yuliet bajo su cuidado. No podía sentarse en la cama ni saludar a los amigos de su abuelo ni beber agua directamente de los pomos.

A los nueve años uno ve todo y reacciona a todo para luego callar. Los adultos miran y aun así creen que cuando uno es pequeño no ve y nunca entiende lo que entiende, porque ¿cómo uno podría?

“La niña que una vez fui creció y empezó a cuestionar lo sesgado de una relación que debió ser sin fobias. Rechacé, durante años, los segundos planos reservados para un hombre que quiso ser feliz antes que vivir un paripé”, escribió en otro de sus textos.

Creo que las propiedades resilientes del abuelo de alguna forma acabaron siendo las propiedades de Yuliet y que, si miramos con detenimiento, pueden ser las mismas de muchas personas en la comunidad LGBTQI+. Pienso en esto, por ejemplo, cuando me dice que contra el fundamentalismo se lucha a través del diálogo.

– Para ser un espacio de diálogo no queda otra que articularse y militar desde lo que ya está creado, revitalizándolo, tal vez. Por ejemplo, existe en la red de diálogo interreligioso Fe por Cuba y la articulación juvenil del Centro Oscar Arnulfo Romero. Ahora me viene a la mente la palabra diaconía, que es una palabra muy eclesial que significa servicio, participo en los procesos de servicio que ofrece el Consejo de Iglesias de Cuba, más el activismo social que hago desde la escritura y en las redes sociales.

Gracias al mundo de los likes, comenzó a formar parte de talleres y tertulias que ayudaron a su formación.

Parte de mi activismo feminista interseccional empezó en las redes. Darme cuenta de eso fue un momento de radicalización. Descubrí que mi lucha no era solo individual, sino colectiva.

Es un ejercicio ingrato y desgastante. Las agresiones en la web resuenan en la vida real. Personas como Yuliet sobreponen el daño individual por una causa más grande. Resistir el acoso, no responder a la violencia con más violencia, enfrentar un discurso de miedo y odio que condena la diversidad. Resistir y no responder; luego enfrentar. Resistir.

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