Maestro analógico vs alumno digital

Ilustración: Yissel Álvarez Dieppa

En estos tiempos de hiperconectividad y cuarentenas, el trabajo de enseñanza en Cuba está ante uno de los desafíos más complejos de la última década. Un cúmulo inmenso de saberes y metodología se mueve en la red y entre los dispositivos de procesamiento y almacenamiento informático. Los estudiantes de hoy dominan estas nuevas plataformas y algunos de sus maestros no.

Se hace evidente a diario que los niños y adolescentes, con disponibilidad de teléfonos inteligentes, pantallas táctiles, teclados con transmisión por bluetooth e internet, son capaces de manejar todas estas herramientas. No hay escape: todo ciudadano de la Tierra menor de veinte años es un potencial nativo digital, mientras que muchos de los maestros en ejercicio, nacidos entre las décadas de los años cuarenta a los ochenta, somos migrantes digitales.

Para los más jóvenes es casi un idioma alternativo, adquirido gracias a la combinación entre la disponibilidad temprana de la tecnología y la curiosidad y plasticidad típicas de la infancia. Pero nosotros aprendimos ese idioma sobre la marcha, y aunque fuimos privilegiados testigos de su nacimiento y evolución aún no logramos apropiarnos debidamente de él. Nuestro idioma natal tuvo siglos para generarse y evolucionar, sin embargo este ha nacido, se ha complejizado en algo menos de un siglo y continúa creciendo a un ritmo cada vez más vertiginoso.

Los maestros, facilitadores del conocimiento y el aprendizaje, estamos ante una oleada de nativos digitales que a veces nos parecen alienígenas por las jergas, información y habilidades operativas que dominan. Como afirmó en tono sarcástico un maestro de enseñanza media en un seminario educativo: “Estos muchachos nacen con cabeza, torso, extremidades y Tablet”.

Utilizando la metáfora del nuevo lenguaje digamos que el dominio de las tecnologías de la informática y la comunicación constituye un idioma hecho de rutinas operativas, habilidades memorísticas y ejecutivas y manejo y procesamiento de información a través de medios tecnológicos. A menudo los no hablantes de este idioma se sienten en inferioridad ante los que lo hablan, y algunos de los que sí lo hablan pueden experimentar una sensación de superioridad e impaciencia hacia los otros. El modo en que ambos grupos responden a estos sentimientos enfrentados de inferioridad y superioridad estará determinado por otros factores como son la empatía, la capacidad de adaptación, la necesidad, la experiencia y la voluntad real para promover una aproximación a través de aprendizajes mutuos.

Las tecnologías para comunicación, procesamiento y creación de información en realidad constituyen un sistema de herramientas que nos proveen de nuevos acercamientos y medios para interactuar con la realidad. Este sistema es uno más que se suma al arsenal necesario para ampliar el universo de las capacidades humanas, dicho esto sin demeritar a otras muchas herramientas y rutinas sensoriales y ejecutivas que han tenido milenios para evolucionar y son el sustento base desde lo objetivo y lo subjetivo para nuestro vínculo con el conocimiento, entre nosotros y con el medio. Partiendo del supuesto de que cada actividad que realizamos (cantar, bailar, escribir, leer, esculpir con plastilina, pintar, destornillar, comer con palitos, etc) involucra sectores especiales del sistema nervioso central y crea en nuestro cerebro puentes neuronales y rutinas específicas, pues teclear, cifrar, programar, usar el mouse o los teclados virtuales, navegar, interpretar informaciones gráficas, estimulan también la aparición de rutinas neurológicas específicas que se basan en otras o las complementan. El punto es integrar todas las vías y rutinas que se puedan, no desechar una vía por sustitución aun cuando parezca que de alguna manera es obsoleta, por ejemplo: escribir a mano no será nunca una actividad obsoleta.

A mi criterio las categorías de migrante digital y nativo digital son parciales en el análisis del problema real ya que se limitan a factores externos, funcionales y cronológicos de la relación con la tecnología. En realidad hay algunas personas que por su edad y acercamiento a las TICs podrían ser calificadas como migrantes, y sin embargo en sus habilidades, tiempo de uso y capacidad de producción e integración de contenido, poseen mejores posibilidades en comparación con nativos que tienen dominios limitados y solo juegan el rol de consumidores pasivos de contenido. Lo subyacente en esa paradoja es más bien la antigua contradicción entre lo nuevo y lo viejo, más cuando lo nuevo ha tenido un surgimiento y desarrollo a saltos tan rápido que su asimilación no ha podido ser progresiva sino, obligatoriamente, repentina.

El dilema MD versus ND no tiene por qué persistir: es un imperativo del desarrollo que ambos grupos encuentren puntos de contacto e intercambio, porque, de hecho, tienen elementos valiosos que compartir y de su interacción exitosa todos podemos beneficiarnos con vistas al mañana y prepararnos para desafíos mayores. Quién sabe si enfrentaremos un futuro completamente digital, o incluso “inervconectado” en caso de que alguna vez, por arte de la nanotecnología y el avance en la investigación neurológica, sea posible incluir algunas conexiones computarizadas y hasta interfaces orgánicas completas en el complejo sistema de inervación humana. Podría decirse que eso último aún es ciencia ficción pero ¿no ha sido a menudo la CF alcanzada y dejada a la saga por el desarrollo tecnocientífico?

Se dice que el nativo digital ha convertido la interacción tecnológica en un modo de comunicación e incluso en un estilo de vida, analiza la información de un modo más rápido y su estilo multitarea le permite enfocarse en varias actividades a la vez. Y aunque hablar un idioma no significa precisamente ser un buen lingüista y esa sea una cuestión que es mejor tomar en cuenta siempre cuando se analice la categoría, ser nativo digital siempre implicará una ventaja relativa.

En el caso del migrante digital, tal como se describe, frecuentemente utiliza la tecnología en una aproximación práctica, persiguiendo objetivos precisos a menudo determinados por la misma evolución de los modos de compartir, adquirir, crear y presentar la información o los productos de su trabajo, o con fines recreativos. Debido a falta de familiaridad con la tecnología puede padecer distintos niveles de imprecisión y error en el manejo y estos errores pueden perjudicar su interés en continuar utilizándola o en migrar de unos sistemas a otros más avanzados.

Por hablar de un caso común: existen académicos de vieja generación, con una calificación más que notable, sobre todo en el área de las humanidades, que desprecian olímpicamente todo lo que tiene que ver con búsquedas de información en la web, presentación con sentido estético, funcional, gráfico e interactivo de los productos de su investigación, y establecimiento de comunicación en red con otras personas e instituciones.

Esta postura los coloca en desventaja ante un mundo científico cada vez más competitivo y centrado en la difusión e intercambio teórico-práctico y en el uso de medios alternativos para transmitir su experiencia. A veces el académico reacio cuenta con un familiar (yo, por ejemplo, que soy el familiar, no el académico) quien administra y ejecuta todas sus presentaciones, información, materiales de investigación, búsquedas y contactos. Este ayudante podría no ser un familiar, sino un alumno, un secretario, un ayudante, pero el resultado es el mismo: el especialista sigue siendo dependiente de la buena voluntad y la habilidad de alguien más para hablar el nuevo idioma que la modernidad le impone.

No significa que el migrante digital, por no ser nativo, sea incapaz de asumir un estilo multitareas, padezca de tecnofobia o siempre sea lento procesando grandes caudales de información, pero a sus habilidades y conocimientos ya incorporados pueden sumarse otras habilidades operativas que se erigirían en herramientas para ampliar su campo de acción si se esfuerza por adquirir los rudimentos para manipular la tecnología.

Aprender a utilizar de manera independiente estas herramientas y esforzarse por perfeccionar su uso puede ser la diferencia entre:

  1. A) una organización imperfecta de su propia actividad, con pérdida de información, lentitud y reiteraciones, sumada a un discurso que llega solo a un grupo limitado de personas.
  2. B) un proyecto autogestionado, acompañado de un alegato científico coherente y accesible que puedan escuchar y consultar muchos colaboradores potenciales, estudiantes y personas interesadas.

Para contribuir a cerrar la brecha de rechazo/ineptitud/fobia en el uso del nuevo lenguaje, un elemento que resultaría determinante (sin mencionar la disponibilidad, la cual constituye el elemento objetivo por excelencia) sería la educación. Educación escolar, familiar, social, profesional y posgraduada, y para apoyarla desde la legalidad y la institucionalidad, políticas públicas dirigidas al uso, control y distribución de las tecnologías modernas de informática y comunicación y sus productos.

Tomando en cuenta que las habilidades base más fuertes y definitivas para el desarrollo de un ser humano se adquieren en la infancia, es casi una perogrullada decir que una generación digital capaz de manipular creativa, sana y sabiamente las nuevas herramientas solo puede ser educada en una escuela donde se manipulen estas herramientas de forma creativa, sana y sabia.

¿Es nuestra escuela digital? Pienso que la nuestra no es una escuela digital, es una escuela pura y duramente analógica, porque no basta con tener un laboratorio de computación, televisores en cada aula y un instructor de informática: la disponibilidad ayuda, pero no basta. Los maestros son en un porciento bastante grande, muy analógicos, no porque se lo propongan y quieran per se mostrar una cara amarga y apática ante lo digital, sino porque es un segmento poblacional con ciertas carencias materiales y muy poco tiempo para dedicar a nuevos aprendizajes. Es una laguna neurálgica ya que el maestro enfrenta diariamente, los once meses de cada curso, un promedio de treinta nativos digitales con acceso al nuevo idioma, algunos poseedores incluso de un dominio avanzado de este idioma gracias a una mayor disponibilidad en sus hogares y comunidades.

La brecha generacional entre maestros y alumnos, con todas las posibles discrepancias sociales, culturales, de experiencia y hasta religiosas, recibe una carga adicional que compromete un poco más el resultado de la educación, la cual debe contextualizarse en todo momento y evolucionar al mismo ritmo que el desarrollo e incluso tirar de él, creando las inquietudes investigativas y creativas que pueden conducir más allá. El maestro, presionado por inspecciones, plazos, planificaciones, dosificaciones, controles de conducta y orientación a padres, encuentra que existen herramientas que podría aprovechar para hacer su enseñanza más interactiva, plena y grata, y que su dominio de estas herramientas es prácticamente cero, hasta el punto en que sufre de cierta desventaja ante su grupo escolar.

Algunos maestros optan por meter la cabeza en la arena como el proverbial avestruz, esperando que, por no mencionarla, la diferencia desaparezca. Pierden oportunidades valiosas de compartir conocimientos y espacios con sus alumnos y de establecer los necesarios puntos de contacto para mejorar el rapport que requiere todo proceso de enseñanza-aprendizaje. Erigiéndose en administradores del conocimiento, desde una posición escolasticista en grado sumo, excomulgan hasta la mención del tema o le restan importancia.

Otros maestros, poseedores de la imprescindible visión de futuro que debe tener toda persona que escoja la profesión magisterial, comprenden la complejidad y el potencial del nuevo lenguaje, y apuestan por tender puentes y construir un espacio común, donde el migrante digital y el nativo digital se enseñen mutuamente a navegar por las mismas aguas, compartiendo el aprendizaje, adquiriendo de manera interactiva habilidades, valores y conocimientos hasta un punto en que se deslían las fronteras entre categorías tan inexactas como MD y ND.

Incorporar realmente las nuevas tecnologías a la enseñanza, sin conformarse solo con tenerlas bajo el mismo techo o con utilizarlas meramente con fines recreativos, no significa derogar la pizarra y las libretas, o abogar por un Realengo Digital 1.8 en la escuela, sino en aprender, incluso aceptando humildemente que los alumnos también tienen algo que enseñar, enseñándoles a su vez a aprender y crear formas novedosas y útiles de trabajar con el nuevo idioma. Implica el desarrollo de un pensamiento alternativo y la adquisición de rutinas de trabajo colaborativas y proyectivas, amén del uso provechoso y organizado de los medios que el desarrollo actual pone a nuestro alcance.

Además, la escuela como institución social tiende velozmente a la inclusión. La equidad y la diversidad son las bases de una filosofía en que la que deberían fundarse las interacciones de nuestras sociedades y muchas herramientas informáticas y hardware tienen potencialidades para el uso por personas con capacidades divergentes o han sido concebidas precisamente para disminuir el impacto de la discapacidad. Amén de que una nueva mirada a la diversidad y el pensamiento alternativo se imponen: con mayor razón es imperativo que los maestros se apropien del nuevo lenguaje, de la tecnología, y la utilicen como complemento para las otras vías de enseñanza y para la difusión de teoría, estrategias de trabajo y metodologías que podrían serle útiles a profesionales de todo el mundo. Hay un cúmulo inmenso de conocimiento, muchas vías para acceder a él y muchas habilidades diferentes que desarrollar.

Utilizar de modo creativo y extensivo todas las herramientas y lenguajes posibles permite que nadie quede fuera de los actos de aprender y compartir. Y el maestro, ya no exclusivamente analógico y no enfrentado en batalla singular con el estudiante digital, se convierta en verdadero facilitador del aprendizaje y en un sujeto que aprende también.

 

Una versión de este texto fue publicada en Cachivache Media

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: