Pensar y contar: propuesta para un estudio del feminismo en Cuba

 

Tocamos acá el dominio del amor escrito.

Gastón Bachelard La poética de la ensoñación

 

En algunas ocasiones se ha señalado el inicio preciso del feminismo en Cuba y su desarrollo, incluso se ha hecho un intento de clasificar y ordenar episodios que recogen la presencia de hitos y momentos importantes en ese proceso de reivindicación de derechos y libertades en la historia femenina de nuestro país.

De hecho, esos impulsos marcan la disposición de aprobar el desarrollo de un pensamiento determinado. No obstante, deseo destacar la necesidad de “sentarse en la mesa del café” y discernir en disposición coral, pues la verdad es el movimiento de confrontación de los saberes, de las opiniones: decir lo que me parece y lo que me aparece. El pensar deviene interrogación entre varias personas.

Es importante no solo rehabilitar autoras y obras, sino también formas y maneras y, sobretodo, tener en cuenta que lo femenino no se refiere a una práctica sexual, sino a una determinada relación con el mundo, a un modo de concebirlo y habitarlo. Las mujeres son irreductibles a un único modelo. No podemos encerrarnos en los límites de un concepto o de una imagen.

El feminismo actual en Cuba debería tener presente que la historia de sus mujeres no es la historia solo de sus feministas, hay un clamor silencioso que debe ser tenido en cuenta. Una inmensa masa de mujeres sin voces demuestran que el tiempo no es solo para la mujer que actúa, produce, transforma, le pertenece también a lo que se dispersa.

 

Fuego de raíces: los orígenes

La idea de inicio no se asimila a la de origen: Lo que comienza, no se comienza absolutamente. Y sin embargo, comienza. Somos actoras, no autoras. Ser actora no es ser fabricante, no es producir algo avalado por un modelo dominante. Ser actor(a) es ir hacia lo que todavía no es conocido.

Quién duda de la presencia de talantes feministas en el siglo XIX cubano cuando analizamos la vida y obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda, la que se atrevió a ser quien fue y en su diario de amor escribió: Estimarme no como a ser perfecto, no lo soy ni quiero parecerlo, con su polémica y censurada novela Sab (1841) de contenido antiesclavista, donde la autora introduce en la trama la historia de una mujer blanca que siente admiración por un “mulato”, cuestión inadmisible en aquel momento.

Todavía nos impactamos con las palabras de Ana Betancourt, la que demandó ante la Asamblea Constituyente de la República en Armas en 1869 –en un acto donde se convocó al pueblo de Guáimaro–  la igualdad entre hombres y mujeres, cuando solo dos años antes, en 1867, el filósofo John Stuart Mills pedía ante el parlamento inglés una enmienda al Proyecto de Reforma Electoral en la que proponía la sustitución de la palabra hombre por persona. Asombran los lavaderos en un río de Santa Clara financiado por Marta Abreu, hecho precedente de la vertiente ecofeminista.

Si tomamos al feminismo en su sentido amplio y fuera de clasificaciones reduccionistas, si esta corriente de pensamiento es una ética, entonces determinados comportamientos cívicos e ideas no son ajenos al mismo, no los clasifica, pero los asume. No se trata de bautizar con el nombre de feminista una obra que no lo es, sino más bien de confrontarse con ella de una manera sorprendentemente fructífera.

¿Quién puede disminuir la participación de las criollas cubanas en las guerras de independencia y su sensible contribución  al tema del cuidado en el espacio público? Según la antropóloga Margaret Mead, cuidar al otro nos hizo verdaderamente humanos.

En 1892, en Tampa, José Martí fue envenenado, quien lo salvó fue la humilde Paulina Pedroso. La historia de Cuba hubiera tenido otros matices si no hubiera sido por sus conocimientos, por su paciencia, por su atención.

Hay autores que consideran que no fueron los mambises las figuras fundamentales en esas guerras de liberación, sino las familias ¿Y los clubes de mujeres fundados para contribuir a la emancipación colonial de Cuba? En esa historia de las olvidadas está la patria como amor y ese amor es el reconocimiento de alguien en lo que es, sin que haya que definirse ni probar nada.

 

La gran ola feminista republicana

Al revés de muchos participantes en las guerras de independencia que convirtieron a la Isla en un país de enseñoreo de generales y doctores, hubo una mujer que marcó la postura cívica de la nación para los tiempos venideros: Rosario Sigarroa, al declarar que no iba a vivir de sus méritos en la guerra, sino de su profesión. Es la época de asociaciones femeninas surgidas en el XIX y extendidas en el XX.

El sufragismo fue la respuesta de las cubanas a su exclusión del voto. El despertar de la conciencia nacional de 1923 se realizó en un contexto feminista, congresos de mujeres, discursos alejados de recetas de cocina y trabajos domésticos, el magisterio de María Luisa Dolz, la pluma de Aurelia del Castillo, preocupaciones sociales y políticas, reivindicaciones de derechos y libertades, la visita de la cubana secreta María Zambrano y la elevación del ambiente filosófico, la connotación del Lyceum de La Habana, las recluidas por oponerse a la tiranía de Gerardo Machado, la hija del general que no abandonó a su país: Dulce María Loynaz, con su conmovedor canto a la mujer estéril.

 

El feminismo actual

A vuela pluma tres líneas de existencia de este fenómeno social y complejo, que amerita un estudio más detallado:

  • El feminismo verdeolivo, también pudiera nombrarse estatal, oficial. Su último lema colgado de la dirección nacional: Mujeres en Revolución.
  • Feminismo financiado por la cooperación internacional, presente en las organizaciones no gubernamentales y gubernamentales, que apoyan la igualdad en las comunidades, que financia publicaciones de género y apoya al feminismo académico. Impulsa el desarrollo económico con énfasis en determinados beneficios para las mujeres.
  • Feminismo autónomo como agente activo de cambio, promotor de transformaciones encaminadas a alterar la vida de hombres y mujeres donde podamos formar parte activa de la sociedad, con capacidad de elegir entre diversos modelos de vida y que aspira a transmitir una educación donde se pueda desarrollar una visión crítica de nuestra realidad. Movimiento heterodoxo, múltiple, que involucra a exiliadas, integrantes del feminismo negro, intelectuales preocupadas por el medio ambiente, por el futuro de la nación, por sus derechos ciudadanos, por una vida decente, armónica, diversa.

One thought on “Pensar y contar: propuesta para un estudio del feminismo en Cuba

  1. Esas clasificaciones del «feminismo actual» en qué se basan? ¿Cuál sería la matriz epistémica y política que informa/fundamenta estas clasificaciones?

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