Refugios, una oportunidad para las mujeres afectadas por la violencia machista

México abrió las puertas en 1996 de sus dos primeros refugios como resultado de la iniciativa de la sociedad civil y de los movimientos de mujeres. Son estos espacios confidenciales, seguros y gratuitos donde las mujeres pueden recibir atención integral y especializada.

Hasta el momento han mostrado su efectividad para prevenir feminicidios y restituir derechos a víctimas de la violencia machista.

La Red Nacional de Refugios (RNR) fue impulsora de este proceso, buscando la articulación y colaboración con diversos sectores de la sociedad: gobierno, academia, iniciativa privada, medios de comunicación, ciudadanía. Esta organización feminista, sin fines de lucro, inició sus actividades en 1999, constituyéndose legalmente en noviembre del 2004 y ya agrupa más de 69 centros en el país, que se enfocan a la prevención, atención y seguridad.

Desde los inicios la RNR ha trabajado también por visibilizar y colocar en la agenda pública las violencias machistas como un problema de seguridad, salud pública, derechos humanos y acceso a la justicia.

En 2019 en ese país se reportaron poco más de mil feminicidios y más de 65 mil casos de lesiones dolosas en mujeres.

Durante varios años, Mayra[1], activista mexicana con estudios en psicología, feminismos y ciencias sociales, coordinó uno de los espacios pertenecientes a la RNR, quien comparte su experiencia con Con/texto Magazine.

Articuladas para proteger y acompañar ¿Cómo funciona la red de refugios?

Acorde al Modelo de Atención Integral para Mujeres víctimas de violencias, y en su caso sus hijas e hijos, se articulan cuatro tipos de espacios: los Centros de Atención Externa, las Casas de Emergencia, los refugios y las Casas de Transición.

Los Centros de Atención Externos son la cara pública de los refugios y también el primer enlace para que las mujeres comiencen la reparación. Desde ese momento deben recibir atención integral especializada y gratuita, y si es necesario ingresar a una Casa de Emergencia, Refugio o Casa de Transición.

Es la oficina que recibe la primera llamada. Hacíamos la intervención, revisión del caso, análisis de la situación emocional de la mujer y de sus hijxs, la primera atención médica en caso de ser necesaria, y ayudarlas a buscar  un espacio para que pudieran permanecer tranquilas.

Para tránsitos rápidos -menos de 72 horas-, y seguros, están las Casas de Emergencia en las que reciben acompañamiento integral hasta llegar al destino donde continuará el proceso, ya sea su red de apoyo o algún espacio de protección especializada como puede ser un refugio o Casa de Transición.

En estos centros temporales pueden permanecer mientras se coordinan todos los aspectos logísticos. Por ejemplo, si su red de apoyo se encuentra en otro estado y el generador de violencia no es de alto riesgo, gestionar un transporte seguro. Hay muchas mujeres que viven en la ciudad pero son de un pueblo, y se quedan sin recursos para regresar, por lo que se coordina con la red nacional para generar estrategias para que ella y su familia puedan reunirse en ambientes protegidos. Si el protocolo se sigue adecuadamente, la mujer podrá pedir apoyo a la RNR donde sea que esté para seguimiento de su caso.

Los refugios propiamente son espacios confidenciales con las condiciones necesarias para llevar el proceso de atención y restauración de derechos en el tiempo necesario, que puede ser más de un mes de estancia aunque no debe rebasar los tres meses.

Se manejan muchos códigos de protección para las familias y para quienes trabajan en estos centros. No se aportan sus datos personales, no salen de este espacio solas. Porque es una estructura que está intentando contrarrestar violencias sistemáticas y aunque provengan de la pareja pueden estar conectadas a redes.

Por ejemplo, los taxistas en México tienen mucho poder, y si te metes con uno te metes con todos. También existe mucho crimen organizado. Una de las ventajas de funcionar como una red es que si una mujer corre mucho peligro en Chiapas, pues se busca un espacio seguro en Chihuahua, por ejemplo.

A estos espacios acceden mayormente quienes no cuentan con redes de apoyo sólidas. Es decir, se evalúa que los familiares o amistades tengan posibilidades reales de garantizar su seguridad. Puede ser que tengan una familia muy amorosa y que les apoye muchísimo, pero si hay una amenaza hecha, o económicamente tienen una situación por la que no las pueden recibir, pues cuentan con los refugios. La peligrosidad cuenta… a veces las redes de apoyo están vulneradas porque también han sido amenazadas si ayudan a la mujer, entonces el refugio también cumple la función de estar protegiendo a las familias.

También sucede que las redes de apoyo de muchas mujeres se han roto como consecuencia de la propia violencia. Muchas veces  van alejando a la familia, a las amistades, ya sea por defender a la pareja violenta o porque se han intentado alejar de la violencia pero después regresan, y entonces quienes antes estuvieron ya después no quieren ayudarla. Las personas a veces no entienden que la violencia es algo mucho más complejo que la simple decisión de la mujer, que hay una manipulación muy severa y una serie de trastornos psicológicos,  como el síndrome de la indefensión aprendida, que hacen que se genere una dependencia hacia el agresor.

Estos refugios brindan acompañamiento integral especializado e intervención multidisciplinaria, que incluye atención psicológica, médica, social, psicopedagógica, jurídica y capacitación para el empleo y la autogestión económica. “La atención y el acompañamiento se proporcionan bajo el principio de no-revictimización, con enfoque de derechos humanos, perspectiva de género y multiculturalidad”, declara la RNR.

Reciben atención del equipo de psicología que da terapia, psicopedagogía que atiende a los hijxs para intentar que no pierdan el ritmo escolar, pero sobre todo para que reciban atención socioemocional para tener contacto con sus emociones y trabajar las violencias que vieron, percibieron.

Los criterios para  ingresar a un refugio u otro también dependen de las necesidades específicas que presentan las mujeres. Cada uno tiene su protocolo de atención y condiciones diferentes. Por ejemplo, algunos disponen de psiquiatras, o asistencia médica para aceptar embarazadas de alto riesgo. Si no cuentan con las condiciones que se requieren se transfiere a otro espacio.

El área jurídica lleva los casos para la Defensoría de las mujeres, si deciden presentar demanda. Las mujeres no tienen que demandar obligatoriamente. Es un tema complejo porque a veces cuando denuncian la violencia se incrementa o su vida peligra más. En México al menos, la corrupción es tan severa que a veces denunciar es peor porque el generador puede localizarlas, o es parte de la policía o es abogado. Aún hay mucho que mejorar para garantizar el libre ejercicio de los derechos de las mujeres y su protección. A veces temen que se levante una disputa por la custodia de los niños o no quieren enfrentar los careos en los juzgados, porque la violencia fue tan intensa que no quieren verle más la cara. Entonces el área jurídica asesora, les hace saber sus derechos, si quieren llevar la denuncia o no, o si quieren realizarla más adelante.

Los refugios –según especialistas de la red y activistas– conforman el mecanismo más articulado para prevenir feminicidios y diversas consecuencias de las violencias como discapacidad, mutilación, pérdida irremediable de la salud mental, lesiones, entre otras secuelas.

Dentro del diseño de la RNR, también se encuentran las Casas de Transición. Estos son espacios habitacionales de transición a la vida independiente y autónoma para las mujeres que han finalizado el proceso dentro de un Refugio; o para que a través de la intervención realizada en el Centro de Atención Externa o en la Casa de Emergencia se identifica que su vida no está en riesgo y lo que requiere es un espacio alejado del entorno violento.

Las casas de transición deben brindar oportunidades de ajuste personal e incorporación a la vida laboral, social, particularmente cuando no son propietarias de una vivienda o carecen de un espacio seguro para vivir.

El tiempo de permanencia puede ser hasta aproximadamente seis meses, en los cuales se realiza un proyecto personalizado de intervención integral que responda a sus necesidades, y a la de sus hijas e hijos. La casa de transición trabaja articuladamente con el Centro de Atención Externa para brindar apoyo integral en los ámbitos social, laboral, educativo, jurídico, recreativo y psicológico.

El área de trabajo social es importantísima. Tienen la labor de ayudar a construir una vida libre de violencia: intentan encontrar escuelas para los niños y las niñas en la nueva zona donde van a vivir, renta o trabajo ya sea en el mismo estado o en otro, en dependencia del nivel de peligro, contactan con organizaciones de la sociedad civil para generar estrategias. Por ejemplo, hay fundaciones que dan trabajo a mujeres víctimas de violencia, o casas que rentan cuartos con costos muy económicos para población vulnerable.

El objetivo es que no tengan que regresar al lugar de violencia pero eso implica asegurar ciertas cosas: casa, dinero, escuela, comida…

Autocuidado para acompañar

Por ley existen códigos de seguridad para proteger al personal, y la red nacional los promueve mucho. Tenemos espacios de contención con psicólogas especializadas en el tema que buscan por ejemplo, prevenir el desgaste por empatía: un trastorno que se genera a partir del estrés y el desgaste que implica conectarte emocionalmente con personas en una situación tan vulnerable y con tanto dolor. Puede producir cinismo, apatía, te vuelves como un robot. Si no tienes un acompañamiento adecuado pues llega un momento que no hay forma de trabajar dignamente.

La organización que nos atendía genera espacios de contención donde platicamos lo que sentimos, se hacen dinámicas grupales. En el tiempo que estuve, estaba tan crítica la situación que tuvieron que generarse espacios individuales de atención para quienes estaban en posición de liderazgo. Así, cada semana o cada 15 días, lloraba un rato con la especialista que me atendió y gestionábamos estrategias para mantener un liderazgo amoroso, para no quemar a mi equipo. Cuando ya uno está muy quemado hace cosas equivocadas, el equipo de psicología no puede contener emocionalmente, el jurídico se puede confundir en algún punto de la demanda y todo eso es muy peligroso porque la vida de esas mujeres está en riesgo. Por eso es tan importante el autocuidado del personal en contacto con las mujeres y de las líderes.

En lo personal yo siempre mantuve mi terapia psicológica aparte cada semana, algo que también se promueve mucho en la red nacional, y aun así es muy duro. Hay estrategias que siempre se recomiendan para ese autocuidado como no saltarse las horas de comida o sueño,  pero si llega una familia a la hora de la comida, pues ya está, se complicó dormir, comer, festejar el cumpleaños. Todo se paraliza por la labor. Vale muchísimo la pena, pero hay un desgaste importante. 

Sociedad civil y Estado

La Red Nacional de Refugios en México está conformada en 85% por organizaciones de la sociedad civil, el resto son instituciones gubernamentales. Según declaran, sus resultados son un claro ejemplo de la importancia de articular y “del impacto que esto conlleva en la vida de cientos de mujeres, niñas, niños y adolescentes”.

El vínculo entre Estado y sociedad civil está precisamente en que ambos deben trabajar por los derechos de las mujeres, las niñas y los niños, por una vida sin violencia.

La responsabilidad y obligaciones del Estado Mexicano en este sentido quedaron establecidas en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV), emitida en 2007. Dicha legislación establece la instalación y mantenimiento de estos refugios como parte de las medidas y acciones estatales para proteger a las víctimas de violencia familiar, así como a sus hijas e hijos.

El Estado debe dotar de las herramientas para que todas las mujeres en México puedan ser protegidas. Sin embargo, reconoce que no puede abastecer todos los espacios y atender todas las necesidades de una forma tan integral y expansiva, es decir en toda la República. Por tanto se vincula con la sociedad civil y desde esa articulación se fortalecen sus acciones.

Entonces la sociedad civil necesita del dinero del Estado, pero el Estado también necesita del compromiso y la profesionalidad de la sociedad civil.

En el año 2003 y como resultado del movimiento impulsado por las organizaciones de la sociedad civil, surgió también el presupuesto etiquetado para los Refugios y, en 2011, el Modelo Oficial Vigente de Refugios. En ambos procesos la RNR participó activamente.

Es obligación del Estado dar cursos a la sociedad civil para gestionar estos espacios, así como tiene que haber un presupuesto asignado todos los años para que puedan trabajar, a los que se accede a través de postulaciones.

Pero sucede que no hay suficientes recursos, entonces lo que están van generalmente a las organizaciones más consolidadas, y no hay posibilidad que las organizaciones incipientes puedan desarrollarse con buenos apoyos o que puedan concretarse otras acciones particulares en zonas donde no hay refugios. Ante esta situación hay activistas feministas que comparten su casa, sus alimentos, su recurso económico particular, y vulneran su seguridad para poder acompañar a las mujeres que lo necesitan.

Entonces, cuando se aboga por el refugio, por extender los apoyos en esta dirección, es porque  está protegiendo a la mujer, a sus hijas e hijos, a sus redes de apoyo más cercanas pero también a todas las redes de feministas que vamos a dar la cara y vamos a arriesgar nuestra vida por defender a todas aquellas que lo necesiten. Es decir, cumple una función de protección a todo un sistema de defensoría de derechos de las mujeres.

A pesar del reconocimiento en la ley, activistas y líderes de la red de refugios han debido mantener la defensa de que los recursos públicos estén disponibles y exista un suministro regular, sin importar las circunstancias. La última de estas disputas públicas fue en los meses más críticos por la pandemia de Covid-19.

Durante el aislamiento, la Red Nacional de Refugios recibió 58% más de llamadas telefónicas de auxilio por parte de mujeres que padecen violencia intrafamiliar. El ingreso de las mujeres a los refugios para resguardar su integridad creció un 5 por ciento.

Una mujer en situación de violencia más que un apoyo económico directo, lo que necesita es seguridad, protección, atención psicológica, una estructura que la acompañe, que la contenga, que la oriente para poder salir de la violencia, y para lo que va a venir al separarse del generador. Las mujeres muchas veces no salen de la violencia porque no saben cómo hacerlo, a dónde ir, qué hacer, a quién pedirle ayuda, a cuál terapia ir. El refugio otorga todo eso de manera especializada.

[1] Por cuestiones de seguridad, la identidad de la entrevistada se ha protegido con un seudónimo.

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