La hipersexualización es también violencia de género

Foto: cortesía de la entrevistada

Lilian Rosa Burgos Martínez, psicóloga y feminista, nos habla sobre este fenómeno y su peso sobre los cuerpos feminizados.

1. ¿Qué se entiende por hipersexualización como proceso cultural y social?

Hipersexualización es un concepto comúnmente ligado a la imagen y a los cuerpos. Se ha utilizado para dar cuenta de una tendencia cultural que ha existido de forma creciente en las sociedades occidentales y que se ha estudiado de forma particular desde las ciencias de la comunicación y las artes audiovisuales. Como fenómeno responde a una acentuación intencionada de atributos sexuales, alcanzando en ocasiones representaciones de la genitalidad y coqueteando con la industria del sexo, desde su afán de responder a una ideología que mercantiliza seres humanos, cuerpos y sexualidades.

Aun reconociendo su primacía en creaciones y productos artísticos con altos valores estéticos, la hipersexualización se contempla y subyace desde imaginarios culturales que se dejan arrastrar por valores patentizados desde la hegemonía de la cultura machista y patriarcal.

La filósofa feminista, Ana de Miguel, lanza dos preguntas provocadoras: ¿Cómo se permiten los hombres hacer lo que hacen a las mujeres? Este cuestionamiento, alejado de toda victimización y anclado en la realidad propia que viven tantas mujeres afectadas por violencias disímiles desde su condición de género, revela una relación de desigualdad y sometimiento histórico a mujeres, sus cuerpos y sus sexualidades. La segunda: ¿Cómo se permiten los hombres acceder a los polígonos y burdeles y materializar su derecho a acceder a los cuerpos de las mujeres? Aquí se remite necesariamente al problema de la prostitución, otra forma de explotación sexual y violencia de género perpetuada y sostenida desde el patriarcado.

De Miguel, deja entrever algo revelador: la ideología neoliberal, como filosofía naciente en sociedades capitalistas desarrolladas, que fue extendiéndose por toda América Latina, pretende convertir toda la vida, incluso a seres humanos, en mercancía. La industria del sexo patriarcal oprime y controla todo territorio que se identifica desde la feminidad. Convertir las mujeres en mercancías, nos dice esta filósofa, es el medio eficaz para difundir y reforzar la ideología neoliberal.

La hipersexualización no puede analizarse fuera del campo de la teoría de género y de los feminismos. Justo en esta dimensión analítica cobra todo su sentido. Como fenómeno, no se muestra privativo al campo de los medios de comunicación y la publicidad, se extiende a la industria de los juguetes infantiles y a la industria del cine, presentándonos muñecas estilizadas, con siluetas protuberantes, senos empinados y con extrema delgadez; mujeres con rostros cubiertos de maquillajes, cirugías y cuerpos despampanantes. Se extiende al contexto del mercado laboral condicionando un prototipo a partir del cual se despliega todo el proceso de contratación y selección de empleos. Conquista espacios educativos e influye directamente en la socialización de género establecida de forma particular para niñas y en la construcción de sus identidades de género de acuerdo a los valores e ideales asignados a la normatividad de ser mujer.

La hipersexualización es otra forma de objetualizar y cosificar los cuerpos de las mujeres, otro modo de control y sometimiento patriarcal, y una forma más de violencia simbólica que condiciona un ideal estético y representación social del cuerpo que resulta perjudicial y deshumanizado.

2. Hoy existe una mayor diversidad de concepciones sobre lo erótico, el acto de desnudarse, algunas de ellas asociadas al empoderamiento y la reivindicación. ¿Cuándo la sexualización del cuerpo deriva en cosificación y por tanto en herramienta de opresión?

Erotismo, desnudez y empoderamiento son tres conceptos diferentes que suelen estar relacionados. Vivir la sexualidad de forma plena es un derecho sexual y humano. Disfrutar del erotismo y recrearse en ello es una forma de expresar y experimentar la sexualidad. La desnudez puede convertirse en un símbolo artístico, en un símbolo de poder y también de vulnerabilidad. ¿Qué matiza que la representación de los cuerpos satisfaga la lógica del mercado capitalista en todo su alcance estético y que no se convierta en una herramienta de opresión y control? La pregunta encierra una paradoja. Satisfacer la lógica de mercado en la actualidad conduce a reproducir estereotipos de género y crear productos culturales hipersexualizados. Precisamente esta lógica de producción y consumo sociocultural, responde a los intereses de la cultura dominante y hegemónica, naturalizando prácticas sociales y culturales que perpetúan desigualdades estructurales entre géneros. Debe acontecer una transformación y cambio cultural estructural en las relaciones de género.

La sexualización del cuerpo implícitamente deriva en cosificación. Ya el acto en sí de sexualizar, encierra una intencionalidad cultural latente, que se descubre. Cuando el producto cultural reproduce estereotipos sexistas y machistas, cuando lacera mediante su exposición valores que dignifican a las personas, cuando el producto persigue responder fielmente a esos contextos de consumo centrados en cosmovisiones falacitas del éxito que pretenden ubicar la sexualidad en valor de mercancía, cuando el beneficio material se sobredimensiona respecto al valor humano, cuando productores, artistas y creadorxs ponderan una filosofía o concepción del ser humano que lo mercantiliza, pues todo esto deriva en fuente de opresión. La complejidad radica en que estas reproducciones culturales están naturalizadas y condicionadas por una maquinaria dominante que responden al mercado capitalista neoliberal, al patriarcado y a sus instituciones.

El concepto de empoderamiento no puede confundirse con el de libertad sexual. La libertad sexual no ha significado lo mismo para hombres que para mujeres. La representación de cuerpos desnudos en hombres se ha ponderado desde la necesidad cultural de exaltar la virilidad y la potencia simbólica de lo fálico. En las mujeres, los cuerpos desnudos han sido representados para satisfacer fantasías machistas, han sido explotados sexualmente y apropiados como botines de guerra.

3. ¿Cómo median las identidades de género y las sexualidades en esa construcción?

Si bien ha sido analizado el matiz singular que tiene la hipersexualización o sobrecarga de sexualidad en las mujeres cisgéneros, es importante mencionar cómo otras expresiones de género y expresiones sexuales que transgreden las normas de la heterocisnormatividad también se ven afectadas por este fenómeno. Los cuerpos de personas LGBTIQ también son mercantilizados e intercambiados en la industria de la explotación sexual, el mercado de la prostitución y la trata sexual.

Las mujeres transgéneros a consecuencia de las vulnerabilidades sociales que les acompañan por su condición de persona trans y toda la violencia estructural que sufren por el hecho de vivir en una cultura que discrimina, excluye y rechaza expresiones de género no legitimadas desde la heterocisnorma, se convierten en blanco y víctimas de este mercado sexual. En este ciclo de vulnerabilidad y riesgo que se inicia desde la infancia y que suele desarrollarse desde el desamparo, rechazo de instituciones sociales básicas (familia, escuela, comunidad, centro laboral…) para garantizar el desarrollo psicológico saludable y la integración social correspondiente, el trabajo sexual es una opción posible por la que apuestan estas personas. Que el trabajo sexual sea una opción para ellas, es una consecuencia de cómo desde imaginarios machistas está patentizado que sus cuerpos son mercancías que pueden ser compradas, incluso mal pagadas.

La violencia simbólica y sexualización para las personas con sexualidades y géneros disidentes encuentra matices propios que han sido objeto de estudio para el Feminismo Queer. Existe una fantasía machista articulada a la sexualidad, el deseo de contemplar, participar y excitarse cuando dos mujeres tienes relaciones sexuales. Existe la fantasía sexual y existe la amenaza de aleccionar y castigar estas expresiones sexuales que son consideradas como transgresiones (´´voy a enseñarte cómo debe gozar una mujer´´).

Otras formas de hipersexualización se alían a los mitos que se construyen sobre las personas LGBTIQ y que son un vestigio de la mirada patologizante y estigmatizante que ha sido legada desde el discurso de la ciencia. Se ha ubicado la promiscuidad, exceso de libido, disponibilidad sexual y ´´sexualidad aberrada´´ como rasgo característico en personas con orientaciones sexuales e identidades de género no normativas. Los derechos sexuales de las comunidades LGBTIQ han sido objeto de vulneraciones disímiles a partir de prevalecer construcciones socioculturales sobre la sexualidad hegemónica.

La hipersexualización de cuerpos racializados ha sido otro hallazgo resultante de la alianza entre colonialismo, patriarcado y capitalismo. Los estudios interseccionales brindan aportes importantes para analizar las desigualdades sociales a partir de la interrelación del género, la etnia, la orientación sexual, la clase y otras categorías sociales.

4. ¿Qué fenómenos sociales negativos resultan o se conectan con esa instrumentalización del cuerpo?

Los perjuicios pueden analizarse en varias dimensiones. A nivel social y cultural, se reproducen desigualdades sociales y violencias estructurales. Se perpetúan relaciones de dominación y sometimiento entre géneros que laceran autonomía, bienestar, dignidad y salud de las personas que sufren estas opresiones. La cosificación o instrumentalización de los cuerpos y sexualidades acentúa vulnerabilidades de aquellos grupos y sectores en mayor desventaja social. Convertir a seres humanos en mercancía deviene vulneración de derechos humanos.

El impacto en la salud mental y a nivel subjetivo se entrevé en la tendencia creciente en sociedades capitalistas a realizarse cirugías estéticas por inconformidad con el cuerpo y la imagen corporal. No estoy incluyendo a las personas que eligen realizarse cirugías de adecuación genital por presentar inconformidades de género a partir de reconocerse como personas transgéneros. Me refiero a personas que se realizan liposucciones para quitarse “unas libritas de más” sin que un dictamen médico certifique que hay riesgo para la salud por obesidad, cirugías para agrandarse y tonificarse los senos y para acentuar las caderas, procedimientos para lucir una nariz perfecta o una boca más grande. De base está esta filosofía de hacer culto al cuerpo, pero es este cuerpo que se presenta como utópico y que responde a un ideal cultural.

Existen algunos trastornos psicopatológicos que pueden estar condicionados por esta tendencia de hipersexualización en la sociedad, como la anorexia y la bulimia (trastornos de la alimentación). Son trastornos que suelen presentarse con mayor prevalencia en sociedades de consumo, donde existe una manifestación cultural dominante al respecto.

Para las mujeres, niñas y su socialización de género, el efecto de la hipersexualización es directo: limita el desarrollo de la autonomía, la autoestima y el ejercicio de empoderamiento necesario para que ocurran transformaciones en las identidades, roles y expresiones de género. Las convierte en víctimas directas de la violencia de género.

 

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