Memorias de días de mierda

Ilustración: Yissel Álvarez

A las 6 de la mañana, como es de suponer, todo está oscuro. Pero, tras abrir la puerta trasera de su zona de trabajo, la lavandera descubre que hay dos bolsas violetas, relucientes a la luz de la luna. “Hoy será un día de mierda”, piensa mientras en su boca se dibuja una sonrisa que queda oculta tras la reglamentaria mascarilla.

Toma las dos bolsas, las lleva a la luz de la habitación y constata que, en efecto, uno de los residentes ha tenido males de estómago durante la noche. Un pantalón, dos sábanas, unas bragas y hasta unas pantuflas fueron colocadas a tropel dentro de los envoltorios de nylon. Las deja a un lado, junto al viejo lavamanos que hace las funciones de vertedero.

La palabra “residentes” sigue resultando curiosa para la lavandera. Ella viene de un contexto donde el vocablo se usa más para definir a un médico que ha comenzado a cursar una especialidad de la salud. Recuerda que, durante la mayor parte de su infancia, su madre fue residente en un hospital habanero. Sí, la lavandera es hija de doctores.

Ahora el concepto define a unos 25 ancianos para quienes limpia, tiende, dobla y entrega ropa en un geriátrico.

Decide que las bolsas serán lo último de esa primera hora de trabajo. Escarba entre sábanas y pijamas orinados para poder diferenciarlos de color. Blanco a la derecha, el resto a la izquierda. Así hasta llenar dos oxidados carritos de supermercado. Entra en la lavandería y se dispone a cargar sus armas.

La lavandera tiene a su disposición cuatro máquinas. Dos son grandes, muy buenas y rápidas. La tercera también tiene tamaño, pero centrifuga mal. La cuarta es excelente, la mejor de todas, pero enana; apenas caben cosas.

En breves segundos calcula en su mente cómo distribuir las piezas. Lo blanco a una de las grandes, porque todavía hay pocas cosas. El resto a la otra igual y a la pequeña. ¿Y la mierda? Irá a la tercera, de todos modos, hay que restregarla bien antes de meterla en la máquina.

Menos de media hora después el ruido de los motores inunda el cuarto a modo de una arrítmica sinfonía. La lavandera, guantes en manos, restriega un cepillo azul por las telas llenas de malolientes fragmentos de mierda. Luego, las deja estar un rato en lejía e intenta que la suciedad desaparezca lo máximo posible. La misión parece cumplida.

Saca ropa, tiende, mete ropa, restriega, dobla. Así transcurren ocho horas sin casi poder sentarse. Entonces, por fin, llega el momento del día que más disfruta la lavandera. La hora de guardar las ropas.

La mayoría de las prendas tienen el nombre de su dueño escrito en las etiquetas o en la misma tela. Hay que ponerlas en sus bolsas correspondientes y luego subirlas a la segunda planta. Durante ese proceso, ella se inventa historias sobre cada uno de los personajes del geriátrico.

¿Cómo llegaron allí? ¿Qué hacen en su día a día? ¿Qué habrá comido que le dio tanta diarrea? ¿Todavía se puede vestir sola? ¿Por qué prefiere no usar bragas? ¿Recordará su nombre?

Como las bolsas de la mañana, la lavandera ha completado seis más. No le molesta el trabajo, es duro y cansado, pero al menos es algo. Los tiempos no están para ponerse a escoger. Ella está prácticamente sola, lejos de su familia, de sus amigos, de su país. Lo que toca son “días de mierda” y hay que aprender a disfrutarlos. De ahí las historias que imagina.

Pero, a veces, al terminar la jornada laboral, ella cierra el portón y deja atrás el geriátrico y a sus habitantes. Sus pies duelen, sus hombros pesan. Solo quiere llegar a la casa que le hace las veces de hogar para darse un baño. Más tarde, cuando nadie la ve, busca la manera de echarle un ojo a la fotocopia de su título universitario. Es solo un recordatorio, lleno de simbolismos: los “días de mierda” no serán eternos.

 

One thought on “Memorias de días de mierda

  1. Muy interesante. Me hizo pensar en otros días de M…. cómo los q tenemos una persona q conoces muy bien y yo…. trabajamos con gente q le interesa una m…. lo q les toca hacer y sin embargo cobran lo mismo q nosotros. Otros q no saben ni m…. de lo que les toca hacer y cobran igual. El bodeguero, carnicero y panadero q nos tratan como m… Las calles hechas m… en la cuadra unos cuantos q se pasan la vida comiendo m… y no necesitan trabajar…. a todas estas no te he incluido el bloqueo de m…

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