Akokán late para que todo esté oddara

Ilustración: Abel Puente Cotilla

A veces parece que estamos en una película de ciencia ficción o en un libro de Saramago. Parece que el tiempo se ha detenido y con él nuestra realidad; pero te llegan videos de bebés de la familia, saltando obstáculos, repitiendo todo lo que escuchan y hasta dando sus primeros pasos: la vida sigue su curso.

Desde antes de la Covid-19, intento conectar mi trabajo profesional con la Psicología Comunitaria. Es una de las experiencias que me permite enlazarme con la realidad múltiple: caminar por otros barrios, conocer otras historias, otros privilegios y otras carencias, multiplicar mis contextos. Esta cuarentena me cerraba las posibilidades de ese contacto humano directo, de llegar a otros lugares y su gente. Me preguntaba cómo seguir el trabajo comunitario en tiempos de quedarte en casa. Me inquietaba que se redujera mi realidad, y me cegaran el bien estar y el calorcito del hogar.

Un día, móvil en mano, me topo con la publicación de Akokán, uno de los proyectos comunitarios amigos que trabaja con, desde y para la comunidad de Los Pocitos en el municipio de Marianao, en La Habana. Hacían un llamado a no olvidar(nos) en estos tiempos de otra(s) Cuba(s), que en cuarentena es aún más difícil ver, entender y trabajar. Allí la vida –también– sigue pasando.

Los Pocitos fue uno de los primeros barrios de Marianao. Uno de sus límites es los márgenes del río Quibú, en el cual en épocas de la colonia (primera mitad del siglo XIX) se descubrió un manantial muy valioso por sus aguas cristalinas y propiedades curativas, acontecimiento que propició el auge de este lugar, atrayendo a familias acomodadas a construir sus casas-quintas de veraneo.

Hoy esa comunidad alberga al mismo tiempo sitios con un alto valor patrimonial, una rica cultura popular –una de las mayores concentraciones de templos Abakuá del país y uno de los más antiguos aun en funcionamiento– y construcciones improvisadas para vivienda, conocidas en Cuba como «llega y pon».

El Taller de Transformación Integral del Consejo Popular Pocitos-Palmar refleja en un estudio del 2018 que la principal problemática de todo el Consejo es el estado del fondo habitacional. La mayoría de las viviendas en la ciudad formal y los asentamientos informales se encuentran en regular y mal estado. El 77,33% de su población reside en viviendas en tales condiciones.

Esta y otras investigaciones señalan además una situación medioambiental desfavorable, marcada por la proliferación de vertederos de basura, la contaminación de las aguas del río, así como la gran cantidad de partículas sólidas presentes en el aire de sustancias extrañas derivadas de procesos industriales, el transporte automotor y la falta de periodicidad en la recogida de desechos sólidos.

La población es mayoritariamente negra y mestiza, y prevalecen los trabajos informales.

Akokán, que según integrantes de la comunidad en lengua yoruba significa corazón, trabaja desde hace cuatro años por transformar esta realidad. Suma a la vecindad valiente y resiliente, así como a toda aquella persona, organización e institución dispuesta a colaborar en este proceso. Es un ejemplo de auto-organización desde la economía solidaria que logra vincular la gestión cultural y el trabajo comunitario. Su fuente fundamental de ingresos es el café Oddara –palabra que significa que todo esté bien–, y les ha permitido sostenerse económicamente.

«La idea fue crear un espacio no convencional, socialmente responsable, donde la experiencia gastronómica permitiera contribuir al financiamiento de Akokán», explicó en cierta ocasión Deborah Vázquez, coordinadora del proyecto junto a su pareja Michael Sánchez.

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En Cuba, desde el 2010 como parte de la actualización del modelo económico se flexibilizó el ejercicio del trabajo «por cuenta propia», o del sector no estatal. En tiempos del brote de la Covid 19, las autoridades han reconocido el aporte de este sector a la sociedad cubana y especialmente a mitigar las consecuencias sociales y económicas de la enfermedad.

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En estos tiempos de pandemia, como medida preventiva, se ha cerrado el Café Oddara y el aula comunitaria. También pararon todas las actividades públicas. Con relación al emprendimiento me comenta Déborah: «El café, al estar en la casa, con las niñas aquí todo el tiempo, era difícil hacer otras variantes para poder mantenerlo abierto». Sin embargo, no es tiempo para depresiones o vacaciones, pero «cerrarlo también me da la posibilidad de ajustar, de reinventarlo y en ese proceso es en el que estamos. Ver nuevas formas de cómo echar para adelante, ajustarnos con lo que tenemos y a los nuevos horarios de mamá, maestra, ama de casa y emprendedora».

Decidieron entonces crear un Plan de Acción ante el nuevo escenario para continuar apoyando a la comunidad, en coordinación con entidades del gobierno local y las organizaciones de masas.

Supe de esta nueva movilización a través del móvil, gracias al grupo que han creado en Facebook: Red de apoyo mutuo Los Pocitos. Le escribí a Michael, creador y coordinador principal y enseguida me compartió sus ideas y me dio espacio para la colaboración. Es decir, me abrió el camino para seguir haciendo Psicología Comunitaria a distancia.

 

Ilustración: Abel Puente Cotilla

Entre las ideas del plan de acción de Akokán está la confección de nasobucos (mascarillas) para entregar a las familias, la elaboración de productos comunicativos que promuevan buenas prácticas de higiene y acceso a los servicios de apoyo, el impulso a la producción de alimentos locales en los patios solidarios, el acompañamiento a personas en desventaja social y la creación de un boletín comunitario con información veraz y que pueda servir de apoyo en estos tiempos de crisis.

Akokán prioriza  en sus acciones llegar a familias de la circunscripción 14, por ser la más vulnerable, según el diagnóstico del Taller de transformación del barrio. Allí habitan aproximadamente 2500 personas en 967 núcleos familiares. La mayor parte de su territorio es considerado insalubre por la precariedad de sus construcciones, muchas de ellas levantadas en terrenos inadecuados y con dificultad en el acceso a los servicios básicos.

En la 14, como también se la conoce por los miembros de Akokán, se distinguen tres asentamientos poblacionales: La Escalera, el Callejón de Andrade e Indaya. Este último  con más de veinte años y aún sin reconocimiento legal.

Parte de estos barrios se encuentran declarados como sectores de «erradicación» en la proyección a mediano y largo plazo del municipio Marianao.

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«Se ha logrado mucho en Los Pocitos –me dice Michael– No podemos ir para atrás. Sabes lo importante que es en estos momentos la orientación, sobre todo en hogares disfuncionales, de hacinamiento extremo. La idea es apoyar, y es una cosa urgente: el confinamiento es una medida para largo… mientras más tiempo pase habrá más estrés por falta de todo… es muy complicado en este contexto… ahora es el momento, lo que tenemos que organizarnos bien». Me emociona la confianza y las ganas de hacer. No eran necesarias más palabras porque cuando lees o ves las acciones de Akokán, sus principios, la composición diversa de su grupo gestor, se despiertan las ganas y el impulso de unirte: te hacen sentir útil y colaboras como sea.

No dudé. Era hora de poner en marcha el trabajo comunitario en cuarentena. Desplazarnos a través del boletín comunitario a Los Pocitos para, junto a Akokán, llegar a esas familias que necesitan más apoyo que nunca.

Se sumaron a la creación estudiantes de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana. En general, nos entusiasma la posibilidad de llegar a quienes no pueden tener la tecnología como herramienta para afrontar el aislamiento físico. Así se iba tejiendo una red de acción comunitaria en tiempos de quedarse en casa.

El boletín comunitario está dirigido fundamentalmente a niñas, niños y sus familiares. La intención es apoyar los objetivos educativos académicos que trasmiten las teleclases iniciadas el 30 de marzo, tras la suspensión del curso escolar en Cuba para evitar la expansión de la Covid-19. A las familias se les ofrece orientación sobre cómo afrontar mejor estos momentos de asilamiento físico a partir de la convivencia armónica intergeneracional.

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Con esta aventura encontraba un poco de tranquilidad. Entendí que la construcción de nuestra realidad, y su enriquecimiento, no se detiene o reduce en tiempos de distanciamiento físico. Ella es todo con lo que nos vinculamos, lo que vemos, escuchamos, vivimos y creamos, de muchas formas posibles; que se materializa en las conexiones interpersonales que cultivamos. Descubro que la realidad tiene muchas formas de llevarte hasta sus otras caras. No depende directamente de la libertad de movimiento.

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