Con/texto Magazine

Tocar el dolor

Ilustración: Abel Puente Cotilla

No puedo olvidar como mujer de fe que estoy llamada a tocar el dolor.

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Son pasadas las 10 pm. Desde que empezó el confinamiento ella cambió su rutina de las mañanas. Cuando se levanta lo primero que hace es orar porque este es un proceso, dice, que debemos aceptar. «Se ha demostrado que una enfermedad puede cambiarlo todo», me cuenta a pesar de la hora y el cansancio.

Innaris Suárez sale en su bicicleta eléctrica a buscar telas y deja a su mamá de 76 años haciendo los primeros nasobucos del día. «Al principio quería que el nasobuco fuera también un mensaje». Las mascarillas empezaron por tener bordado «Sant’Egidio», nombre de la comunidad católica a la que Innaris pertenece, después cambió a «Vivan los ancianos» y finalmente, debido a la necesidad de hacer más, solo ponen un arcoiris «que es un elemento bíblico símbolo de la nueva humanidad», y parte de los símbolos del movimiento Sant’Egidio.

La comunidad de Sant’Egidio es una asociación pública internacional de laicos que constituye un movimiento dentro de la Iglesia Católica Universal. Está presente en Cuba desde 1992 (sede en Habana Vieja), y tiene varios proyectos sociales que ahora se enfocan en la lucha frente a la Covid-19. Uno de ellos es el movimiento Jóvenes por la paz que se ha incorporado al servicio de ayuda a ancianos y personas sin hogar.
Amigos por la calle existe casi desde los inicios de la comunidad. En 1998, miembros de la comunidad empezaron a visitar asilos, lo cual desembocó más tarde en el movimiento Vivan los ancianos. Hace un año iniciaron un monitoreo permanente de las personas de la tercera edad de los municipios Centro Habana y Habana Vieja donde se le da seguimiento a las necesidades de personas de la tercera edad.

Después toca regresar a casa, ayudar en la confección de mascarillas, y las tardes, todas y cada una de ellas, llamar a entre 15 y 20 personas de la tercera edad, además de visitar a otras, preguntarles qué necesitan, cómo están.

«Yo casi padezco de paranoia, cojo psicosis, soy hipocondriaca, ando siempre con un termómetro pero sé que es un problema mío. Tengo mucha confianza en Dios, sé que esto va a pasar. Cuando salgo trato de tomar todas las medidas. Tengo miedo y respeto el miedo de los demás. Nunca entro a una casa. Una cosa que tengo clara desde el principio es que debo cuidarme pero no puedo dejar de cuidar al rebaño que Dios ha puesto en la Tierra».

Esa rutina cambia los jueves y sábados, días de dar aliemnto a los Amigos por la calle, un proyecto de la comunidad para ayudar a las personas sin hogar. Alrededor de 100 «amigos» comen cada jueves y sábado gracias al trabajo de los voluntarios, y además, reciben un nuevo nasobuco. «Ellos los traen sucios, usado de varios días, y nosotros le damos unos nuevo, le explicamos cómo usarlo».

«La policía los ha recogido varias veces y los llevan a un centro en Las Guásimas, pero no les gusta estar allí»

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En Cuba, las autoridades utilizan el término «deambulante» para referirse «a la persona en situación de vulnerabilidad social con ausencia de productividad, afectado por problemas de vivienda, relaciones familiares deficientes y/o un estado de salud mental deteriorado que se manifiesta como: depresión, carencia de alimentación, vestuario deficiente, patrones desajustados de conducta social, falta de aseo, conducta migratoria, mendicidad, pérdida de la autoestima, afectaciones toxicómanas que pueden o no desencadenar en una conducta disocial»[1]

Las cifras de esos ciudadanos no han sido actualizadas desde el Censo de Población y Viviendas de 2012. En aquel momento unas mil 108 personas vivían en las calles: 958 eran hombres y 150 mujeres; 641 tenían entre 16 y 59 años de edad, y 467, de 60 años y más.

Alicia Bárcena, titular de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), ha dicho que en términos porcentuales, la pobreza en la región crecerá un 17.9% como resultado de la pandemia, mientras que la indigencia lo hará en 34.4%. «La región, que en 2019 registró un índice de pobreza de 30.4%, saldrá de la crisis sanitaria con un 35.7% de su población viviendo en esa situación. Y la indigencia pasará del 11.0% al 14.7%.»

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Cuba figura entre los países más envejecidos de América Latina. A partir de los datos del Censo de Población y Viviendas (2012) se estima que para el 2030 el 29% de la población cubana tendrá 60 años y más, y para el año 2050, será una de las naciones con mayor número de adultos mayores en el mundo.

Innaris es responsable del movimiento Vivan los ancianos y ahora se vuelca sobre la reconfiguración de las ayudas para enfrentar la pandemia y funcionar como una red de cuidado y atención a personas de la tercera edad.

«Los ancianos ganan una pensión o una jubilación que es insuficiente –explica–. Muchos están solos y tienen dificultades para hacer mandados. Por eso es tan importante el monitoreo, mantenerse conectados. Tienden a deprimirse y es importante que sientan que tienen a alguien con quien contar, alguien a quien llamar.

De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Envejecimiento de la Población (ENEP 2017) realizada en Cuba:
-El 40% de las mujeres y el 37, 3 de los hombres declaró que sus ingresos no alcanzan para cubrir sus necesidades principales.
– Alrededor del 7,6% de las personas de 60 años y más declararon que requieren de ayuda o apoyo para realizar una o más de las Actividades Básicas de la Vida Diaria.
– El 80,6 % de las personas de 60 años y más padece al menos de una enfermedad crónica. Esta proporción se eleva al 86,9% en el grupo de75 años y más.

El problema más grande es la incapacidad de autogestionarse. También está la situación del que vive solo en una casa y no tiene a nadie que lo ayude. A veces se acercan personas supuestamente para ayudar pero con otras intenciones.

Si un anciano tiene hijos en el extranjero que puedan pagarle a una persona para que los ayude, nosotros buscamos a alguien, una enfermera retirada, por ejemplo.

En el movimiento tratamos de ayudar a que envejezcan de manera activa y que se creen espacios donde puedan sentirse útiles».

Varios jóvenes de la comunidad estudiantes de medicina, han ido identificando adultos mayores que necesitan ayuda, durante la realización de pesquisas. De esa forma ha ido aumentando el número de ancianos que recibe alimento sin salir de su casa, preparado por los miembros de Sant’Egidio.

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«Se me presentó una situación, una amiga que tenía todos los síntomas. Me llamó porque necesitaba que alguien la llevara al hospital, su hija no quiso acompañarla. Le busqué un bicitaxi, la monté, estuve con ella en Urgencias hasta que llegó la ambulancia. Al final no dio positivo y hace unos días le dieron de alta.

Para mí fue impactante. Ella estaba muy preocupada por el coronavirus pero también muy afectada porque su hija no quiso acompañarla. ¡No tenía que tocarla, no tenía que entrar a la casa, era solo buscar un bicitaxi!

Uno puede tener miedo pero no puede levantar un muro así.

En el tiempo que estuvo ingresada yo sabía que no podía entrar al Hospital Naval pero fui; me quedé afuera con el rosario. Ella estaba muy deprimida. La llamé y le dije: ‘mira, estoy aquí afuera con un rosario en la mano orando por ti. Tranquila, estamos a unos metros de distancia nada más, solo que no te puedo ver’.

No puedo olvidar como mujer de fe que estoy llamada a tocar el dolor».

 

 

 

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[1] Procedimientos para la atención a las personas con conducta deambulantes en La Habana, Consejo de la Administración Provincial Dirección de Trabajo y Seguridad Social

Un comentario sobre «Tocar el dolor»

  1. Inspiradora historia!!! Ponerle nombre y apellidos a los deambulantes, sentirlos mas nuestros y menos ajenos debe ser una prioridad en nuestros tiempos. Somos muy pobres si no podemos darnos el lujo de ser compasivos con los mas necesitados.

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