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Ante la crisis, sororidad

Ilustración: Abel Puente Cotilla

Lo han dicho las organizaciones feministas. Lo han advertido desde Naciones Unidas. El enclaustramiento producto de la Covid-19 hace que las mujeres permanezcan más tiempo en el hogar, y con ello que estén más expuestas a situaciones de violencia de género. Ese lugar donde estarían protegidas del virus, es justamente donde reside el mayor riesgo ante esa otra pandemia.

Es importante la alerta, y es imprescindible buscar soluciones, aún en estas difíciles condiciones.

La plataforma YoSíTeCreo en Cuba habilitó una consejería telefónica de apoyo a las víctimas de violencia machista. Mediante llamadas al número 53-55818918, brindan acompañamiento, asesoramiento legal, consejería psicológica y orientación. También están disponibles en el correo yositecreoCuba@gmail.com y en su página de Facebook.

«No tenemos acceso a las cifras de denuncia ni al número de casos atendidos por las instituciones, así que no podemos demostrar que los casos estén aumentando también en Cuba» –explican desde la plataforma–.

«Sin embargo, hemos confirmado que la situación de aislamiento eleva el riesgo de que el ciclo de la violencia se acelere, pues crecen las tensiones por estar todo el tiempo juntos en la casa; retarda procesos legales, no solo porque la actividad del sistema se haya reducido, sino porque las víctimas tienen que evitar salir a la calle; e impide el acompañamiento presencial: cuando hay apoyos a la persona violentada, los agresores suelen contenerse; no así cuando ella está sola, aislada y más vulnerable».

Como parte de las iniciativas para brindar herramientas en el escenario actual, también publicaron un Protocolo de Acompañamiento a Mujeres en Situación de Violencia Machista durante el Aislamiento Físico. En pocas páginas el documento ofrece información y consejos prácticos a las propias mujeres en esa situación y a quienes sean testigos de escenas de violencia.

El funcionamiento de la plataforma se basa sobre todo en las redes sociales, lo cual no cambia durante la pandemia, aunque sí se limita el acompañamiento físico a las víctimas que también distingue el trabajo de YoSíTeCreo.

Este apoyo consiste en dar seguimiento de la atención a la víctima por parte de una persona especializada, quien verifica que se cumpla lo acordado por la parte legal, conversa con ella sobre sus necesidades y miedos, o cómo se siente con la asistencia psicológica o psiquiátrica. Para acatar las normas de distanciamiento social, el seguimiento a los casos se mantiene a través de las redes y por vía telefónica.

«La emergencia epidemiológica nos ha impulsado a pensar alternativas más operativas en estas circunstancias, como el propio Protocolo –señalan–, y también a ampliar las alianzas para que personas cercanas a las víctimas puedan dar ayuda presencial cumpliendo las normas de seguridad sanitarias indicadas».

YoSíTeCreo en Cuba muestra cuánto se puede hacer desde el voluntariado y el trabajo colectivo. Se trata de un proyecto sin estructura fija, con personas que se incorporan a acciones puntuales y otras que participan de forma más permanente.

En una sola voz, como Fuenteovejuna, cuentan lo que representa dedicar tiempo y energía a preocuparse por las demás en un momento tan complejo. «Se siente mucha gratificación y alivio al apoyar a una mujer en una situación que ya era desesperante para ella, y que se vuelve más complicada con el aislamiento por la Covid-19. En cuanto se asume un proyecto como este –y más en el escenario adverso para formalizar iniciativas de la sociedad civil cubana–, es porque hay un alto grado de compromiso y disposición».

Las iniciativas actuales son una continuidad de las acciones que ha desarrollado YoSíTeCreo desde su surgimiento en junio del año pasado. Estas abarcan además la visibilización y esclarecimiento de las normas y procedimientos del sistema sanitario, legal y asistencial cubano, en lo que respecta a violencia de género.

Si bien tal vez aún sea temprano para sistematizar experiencias que puedan trascender a un contexto post-pandemia, algunas conclusiones resultan bastante claras: «La institucionalidad cubana debe cambiar para atender a las mujeres violentadas por razones de género. Las grandes lagunas de las leyes vigentes dejan poco margen de actuación incluso para personas comprometidas en apoyar a estas mujeres».

Para hacer esta muralla tráiganme todas las manos

La coronacrisis, como ya algunos le llaman, requiere ingentes esfuerzos para capear los rigores de la enfermedad, las medidas de aislamiento, y las innumerables vulnerabilidades que se han agudizado, descarnadas como nunca. Por eso todas las solidaridades son bienvenidas, necesarias.

Evoluciona, la campaña cubana por la No Violencia hacia Mujeres y Niñas, continúa su trabajo en redes sociales, enfatizando en fenómenos que podrían agravarse en días de confinamiento, como el ciberacoso.

La Consejería para la atención a mujeres víctimas de violencia, del Centro Oscar Arnulfo Romero, habilitó dos direcciones electrónicas a donde las mujeres pueden acceder para solicitar apoyo (consejeriaoar@gmail.com; ivon.et@oar.co.cu) y además mantienen vínculos con la Fiscalía General de la República y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), para acordar los pasos necesarios en cada caso.

Por su parte, el proyecto AfroAtenAs, en la ciudad de Matanzas, continúa apoyando de diversas maneras a mujeres y personas trans que sufren violencia de género. «En circunstancias tan difíciles preocuparse por los demás es una cuestión de humanidad. Resulta un poco complicado, porque uno mismo puede contagiarse con el virus, y a su vez poner a su familia en peligro. Pero hay que arriesgarse porque hay muchas personas que nos necesitan», afirma Yoelkis Torres, coordinador de esta iniciativa cubana.

A su juicio, un aprendizaje que dejan estos días es que deben identificarse todas las alianzas posibles para casos de catástrofe, y hacer que esos nexos funcionen antes de que lleguen los momentos críticos.

En América Latina, el impulso de numerosos colectivos feministas configura un mapa de la resistencia construida desde abajo. Por ejemplo, la Coordinadora Feminista 8M, de Chile, publicó su Plan de emergencia feminista ante la crisis del coronavirus, el cual pauta acciones en comunidades y formula demandas concretas para paliar los efectos sociales de la pandemia. La Campaña Actúa, en Bolivia, llama a reaccionar a aquellos que presencien actos de violencia machista.

Y si se ponen hombros y manos para las más vulnerables, quienes ayudan también necesitan saber que hay alguien ahí para ellas. Las integrantes del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (CEPAM), en su sede de Guayaquil, confirman la importancia de estar pendientes las unas de las otras, y reforzar ese «valor humano y sororo que ayuda a no decaer».

«Por ahora todo nuestro trabajo se realiza mediante atenciones y comunicaciones telemáticas, fortaleciendo redes de apoyo, identificando necesidades concretas, y analizando cómo generar acciones de sostenibilidad y autonomía económica de las mujeres vinculadas a nuestros servicios», destaca la abogada Lita Martínez Alvarado, directora ejecutiva de la Fundación CEPAM Guayaquil.

Si miramos hacia el futuro, en clave positiva, Martínez agrega: «La normalidad que conocíamos no será la normalidad post-pandemia; y quizá eso era lo que necesitábamos: seres humanos distintos, que dejemos de lado el “yo” y pensemos en un nosotras y nosotres en igualdad de condiciones y derechos».

Plan de emergencia feminista ante crisis coronavirus

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