Reinventar lo cotidiano…la toalla tiene un nuevo lugar

Ilustración: Abel Puente Cotilla

 

No sé si lo recuerdan, pero 2019 tampoco empezó bien. En la noche del 27 de enero un inusual tornado arrebató seres queridos, hogares, los recuerdos de toda una vida a miles de personas residentes en La Habana. La calma y la estabilidad de sus rutinas se fugaban con una ráfaga de viento, un sonido ensordecedor y unos colores en el cielo nunca antes vistos.

De ese triste suceso surgió Nombres, un proyecto comunitario en el barrio de Jesús del Monte, municipio de 10 de Octubre, coordinado en sus inicios por estudiantes de la Facultad de Psicología para dar apoyo profesional a las familias afectadas. Muchos utilizábamos por primera vez1 las redes sociales, en este caso Whathsapp, para obtener apoyos necesarios y organizar este trabajo.

Nos movía el deseo de estar presentes, de escuchar, abrazar, y entregar lo mínimo que se puede dar cuando la irrealidad se apodera de los días, una sonrisa y una palabra de aliento.

Hoy, más de un año después del tornado, Nombres tiene otro ritmo, much@s de l@s coordinadores no somos ya estudiantes, y la incertidumbre, el temor, no solo afecta a grupo de familias en La Habana, nos llega a todos. También la forma de hacernos útiles ha cambiado, la epidemia nos obliga a reinventarnos como personas y como profesionales.

En estos días mi dinámica familiar ha sido una montaña rusa, no solo por las diferentes emociones que estamos experimentando, por la tensión, la preocupación sostenida o el reajuste de trabajos, sino también por la toma de nuevas decisiones en conjunto. El 17 de marzo comenzamos nuestro aislamiento voluntario. Nadie salía de casa, a no ser una vez a la semana por comida e insumos necesarios y siempre una sola persona. Habitualmente somos seis: abuel@s matern@s, papá, mamá, mi hermano menor y yo; también una perra y cuatro gatos.

A partir del 24 de marzo, cuando se tomaron nuevas medidas a nivel nacional, mi padre marchó a acompañar a mi abuela paterna en su domicilio. Fue una sensación extraña: la casa no estaba completa. Es decir, no tenía ese tono de voz vibrante que llena hasta las divisiones de los azulejos. Mi padre llamaba a cada rato para saber qué hacíamos. Fue el 31 de marzo cuando decidimos que mi abuela, viendo que la situación epidemiológica estaba lejos de acabarse, se mudara a vivir con nosotros hasta nuevo aviso. Completábamos el cuadro familiar. La perra en cuanto les vio llegar se volvió como loca y correteó por todo el pasillo hasta la puerta de entrada dando brincos de alegría.

Preparamos la habitación de mi abuela, justo debajo de la mía. Pasamos a compartir baño ella y yo. No es algo nuevo: siempre en vacaciones convivo con ella. Conozco sus rutinas, sus accesorios y sonidos. Tod@s estábamos felices y relajados de estar bajo un mismo techo, cerca y unid@s. Comenzaron los planes para aprovechar el tiempo: pintar rejas, limpiar cajones profundos, leer lo que nunca se lee, usar más el teléfono fijo, estudiar (siempre hay que estudiar), comenzar (de una vez) la tesis… La adaptación a la nueva situación de estar intergeneracionalmente todo el día en casa iba bien.

Personalmente experimentaba una buena adaptación, y excelente ánimo, agenda completa como me gusta y queriendo a mi familia. Sin embargo, a la hora de salir de la ducha siempre cogía la toalla de mi abuela para secarme. En cuanto la tenía en la mano decía «no, esa no es la mía: la mía tiene un nuevo lugar». Los primeros dos días sonreí; los próximos me fui molestando y me reclamaba cómo no acordarme antes, si de hecho al entrar en la ducha ni la colocaba ahí, la última vez tal automatismo incómodo me sacó un grito. Ustedes podrían pensar que se trata de una simpleza, ¿qué trascendencia hay en ese hecho? Ciertamente ninguno, y perdonarán la banalidad de mi vivencia, pero son precisamente esas cosas, las cosas cotidianas, esas que muchas veces no cargan ningún drama desgarrador, las que nos descubren el cambio.

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En tiempos de necesario aislamiento estar ahí, hacerte útil, puede ser complejo. Pero sabemos bien que siempre es necesaria la escucha, la contención ante el desborde de emociones, la racionalidad en los pensamientos apresurados que quieren darle sentido a esta pandemia. Aun hoy continúan siendo indispensables las sonrisas y las palabras de aliento.

Esta certeza nos ha llevado a reinventarnos en el plano profesional. En tiempos de COVID-19 un grupo de psicólogos y psicólogas de la Sociedad Cubana de Psicología (SCP) y de la Sociedad Cubana de La Psicología de la Salud (SCPS) convocados por la sección de Orientación Psicológica de la SCP, nos hemos unido para cumplir con nuestro compromiso y deber profesional con el bienestar mental y emocional. Hemos recurrido nuevamente a la plataforma Whatsapp, esta vez no solo para organizar el trabajo interno, sino para ofrecer una alternativa de acompañamiento psicológico a quienes deben enfrentar esta pandemia saliendo cada día a ayudar a otros y también para quienes ayudan quedándose en casa.

Así nacieron los Psico Grupos de Whatsapp. Esta red social nos permite trabajar grupalmente, una modalidad que en sí misma contribuye a darse apoyo, a sanar; facilita contención y despierta sentimientos de colaboración y cercanía, tan necesarios ante el distanciamiento social. Los grupos se han organizado para atender a diferentes sectores poblacionales: personas mayores, familias con niñas, niños y adolescentes, jóvenes, adult@s medi@s, familia y migraciones, personal de salud y trabajadores sociales.

Somos ya más de treinta profesionales aprendiendo de una experiencia única en la psicología cubana y en nuestras vidas, intentando ser útiles mientras todo alrededor y dentro de casa, cambia.

Aceptar el cambio es un ejercicio complejo. Miren, por ejemplo, mi vivencia con relación al lugar de la toalla. No fue hasta que me decidí a escribir sobre esa historia, que pude desbloquear ese automatismo y dejarlo atrás. Ya era hora de aceptar que no estábamos de vacaciones, que mi abuela paterna estaba en casa sin tener fecha de regreso a la suya, lo cual implicaba que esta era nuestra nueva normalidad: ya era hora de aceptar el nuevo lugar que tenía mi toalla.

Hoy me concentro, me contengo y experimento esos nuevos momentos y espacios de aprendizaje profesional desde casa, con la tranquilidad de estar cumpliendo con mi deber primario para “frenar la curva”. Al mismo tiempo, me reinvento: el hogar en estos días, más que nunca, se presenta como laboratorio íntimo.

Los días de pandemia nos obligan a cambiar nuestros comportamientos habituales, incluso aquellos más complejos que el simple dejar de coger la toalla al lado de la ducha. Esos detalles que nos traicionan son los que nos hacen recordar que estamos experimentando una trasformación, que no podemos dejar de sentirla, que no estamos inmóviles y que tratamos de agarrarnos a las paredes. No es hasta que logremos concientizar esos mínimos detalles, armándonos de valor para hablarlos, escribirlos, compartirlos con nosotr@s mism@s y/o con l@s demás, que seremos capaces de construir un nuevo camino.

Esta cuarentena nos obliga a no repetirnos porque por suerte es una situación que para much@s no tiene similitud con nada de lo vivido hasta el momento. Esa oportunidad es única, sí, la oportunidad de encontrar nuestros automatismos, de revisarlos, de superar la molestia con ellos, de dialogar, de aceptarlos y retarnos a ser diferentes. Quizás terminemos siendo mejores.

 

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[1] El servicio de datos móviles en Cuba fue habilitado en diciembre de 2018.

4 thoughts on “Reinventar lo cotidiano…la toalla tiene un nuevo lugar

  1. Es una bella de hacer por todos. Es una manera de autoreflexión y expansión de ideas. Cada uno puede aportar y esta es la riqueza de un momento en que no se genera la material, pero sí la espiritual, la que tanto necesitamos como HUMANOS que malconvivian en un mismo sitio, la TIERRA.

  2. Buen analisis y sobre todo descrito con gran perfección de los detalles. Sin dudas esta situación nos va a dejar muchas enseñanzas y los psicologos tienen un importante papel ayudandonos a buscar el lado positivo de las cosas. Gracias Ana Laura.

  3. Enhorabuena!!!
    De la forma que escribes y como sé que eres, te creo todo. Aprendemos todos los días…hoy no fue la excepción.Gran trabajo..
    Abrazos
    Ernesto.

  4. Excelente reflexión, sin dudas esta historia del dia a dia, tan sencilla como el acto del uso de la toalla nos ayuda a comprender la disciplina y autorresponsabilidad q nos toca a cada uno en este tiempo.
    Felicidades querida Ana Laura, espero otras historias. Se lo envío a Javi. Besos para la familia, Ena

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