Se mata a las mujeres en la cara de la gente

marcha contra feminicidios
Ilustración: Carolina Holguín Pérez

Eran las primeras horas de 2020 en Bolivia. Todavía ni siquiera había salido el sol cuando Iván Ch. asesinaba a la joven Grecia Espejo en Huaychani, un barrio de La Paz. Un día después la policía lo encontraría tratando de huir por la frontera hacia Perú. Varias notas de prensa dicen que Iván estaba enamorado de Grecia, «el enamorado de la víctima» lo llaman, pero ¿desde cuándo amar se convirtió en matar?.

Este fue el primer feminicidio de 2020. Aún no termina el mes y la cifra ya llega a 13. Bolivia terminó 2019 con 18 feminicidios menos que en 2018 pero aún así la noticia no es buena: 117. A eso se suman 66 infanticidios. Solo en la primera semana del año que recién empieza la cifra de mujeres asesinadas duplicó el número de muertas en este mismo período, el año anterior.

Sí, «amigo, hermano, no seas indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente». Así gritaron a coro los manifestantes de la primera marcha de hombres contra feminicidios en ese país, convocada por el grupo de activistas feministas Mujeres Creando. Ni idea de cuántas papas pelaron los hombres, pero ese gesto, cuchillo en mano, tenía la intención de mostrar que las responsabilidades de la vida cotidiana no pesan solo sobre hombros de mujer. Entonces comenzó la marcha.

«No es crimen pasional, es violencia patriarcal», la consigna que apuntó directo a los periodistas, esos que reportan un crimen diciendo que X mató a Y porque estaba enamorado.

 

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José Fernando Andrade se enteró de la convocatoria por Facebook. Llegó con un amigo y luego se sumaron otros. «Hicimos todo el recorrido», me cuenta.

«Desde el comienzo de este año se han dado una ola de feminicidios que han sensibilizado mucho a la población. Casi uno diario. Así que el gobierno que tiene ahora todas estas dificultades políticas ha declarado una lucha frontal contra eso. Pero más allá de lo que ha declarado el gobierno, esto ha concientizado a mucha gente. Y que no sean solo las mujeres quienes salgan a protestar sino también los varones, que tomen conciencia ya que es en manos de los varones que ocurre todo esto».

José Fernando dice que en la marcha había gente de todo tipo aunque prevalecía el movimiento feminista, muchas mujeres, la comunidad LGBT. Él cree que la razón por la que estaban allí era justa, cree que era la forma de que la causa tuviera voz.

 

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Desde 2013 Bolivia tiene una ley contra la violencia de género que castiga un feminicidio con 30 años de cárcel sin derecho a indulto. Datos oficiales del Ministerio Público muestran que La Paz tuvo la cifra más alta en 2019, seguida por Cochabamba.

Según la Comisión Económica para América Latina (Cepal), en Sudamérica los países con más altas tasas de mujeres asesinadas por su condición de género son Bolivia y Paraguay.

En sentido general, los índices de violencia hacia la mujer son alarmantes en la región. La Cepal también declaró que en 2018 al menos a 3 mil 529 mujeres fueron víctimas de feminicidios en 25 países de Latinoamérica y el Caribe. Esto a pesar de que la década que cierra es vista por muchos y muchas como una década feminista.

Lo público es político. Lo personal es político. Las estructuras sobre las que se sostiene esa violencia de género, ligadas a la construcción de una masculinidad que tiene el poder y ejerce su rol de macho sobre la mujer, han sido cuestionadas por las feministas, a la vez que desmontan esos constructos del imaginario popular.

Pero ¿qué me dices de la próxima década? ¿la que viene plagada por fundamentalismos religiosos que reivindican la mujer que permanece en casa, la mujer que no aborta, la mujer que calla?

 

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Nuevos movimientos han ido surgiendo en América Latina y han ocupado los espacios de debate político con un discurso en claves evangélicas, o supuestamente desde los valores evangélicos. Sus críticos advierten que comparten una lectura literal de la Biblia por sobre una hermenéutica. Ese discurso, cuando se ha establecido en el espacio público, ha ido directo contra la lucha feminista. Tal es el caso de Brasil por ejemplo, y también de Bolivia.

Pero América Latina, esa que vive permanentemente el capitalismo periférico, los feminismos son también negros, indígenas, ecologistas, proaborto seguro, legal y gratuito, a favor de la comunidad LGBTIQ+, etc. Son, en fin, una manera de pensar, cuestionar, deconstruir los sistemas económicos y políticos de la región.

En la próxima década el movimiento feminista tendrá en el fundamentalismo religioso un atropello que viene de frente.

Hablar de las mujeres violentadas y asesinadas, de poblaciones desplazadas y la incidencia en la mujer, de migraciones, de cambio climático y lo que significa para la mujer rural, para la mujer pobre…, nada de eso es posible sin cuestionarse el sistema que lo soporta, sin reivindicar una economía solidaria, y el movimiento feminista ya lo sabe, ya lo grita.

¿Qué sentido tiene hablar de embarazos en la adolescencia si no pensamos el entramado político económico y social donde se reproduce? El feminismo se sabe ataque a las estructuras de poder. Lo sabe cuando advierte a los cómplices de la violencia, a viva voz, en La Paz «Se cuidan los machistas; América Latina será feminista».

Lo sabe cuando cuestiona «¿Dónde está? No se ve la igualdad de la mujer».

Cuando grita en Chile «El Estado opresor es un macho violador» y se replica en el mundo entero.

Cuando convoca: «Traiciona al patriarcado, delata al machista de tu lado».

 

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