Ser madre y llevar la vida normal, mientras Chile organiza la Marcha más grande

Nosizue Reyes* lleva una semana en profunda tensión. De padre cubano y madre chilena, testigo de Jehová, escritora en su tiempo libre y nacida en un antiguo asentamiento de la Rusia soviética, el poder y la reconstrucción de Chile han guiado los caminos de su vida.

Ahora, una gran crisis estalló, pero esta vez no es una niña, o su madre se refugia en la URSS o Cuba. Tiene bajo su responsabilidad una familia, con dos pequeñas.

«Mis hijas no tienen clases desde el lunes. Todos los días hay marcha», cuenta.

Nosizue les lee cuentos en la noche y ante sus preguntas, trata que entiendan lo que sucede a su alrededor. Sin embargo, «por mucho que les he intentado explicar, para ellas es como una película. Todo transcurre en la tele».

Reyes cree que, en los últimos años, todos los gobiernos que han estado en el Palacio de la Moneda, sean del partido político que sean, no han podido solucionar los problemas que se gestan por tres décadas, y que venían arrastrándose desde Pinochet. Ahora, tiene esperanza de que algo cambie.

La caja de Piñera

La situación de Chile explotó cuando el precio del pasaje del metro subió en 30 pesos chilenos —de 1,13 a 1,17 si se hace la equivalencia en USD—; una cifra que parece numéricamente insignificante, pero destapó la caja de Pandora que lleva contenida por 30 años en el país sudamericano.

El pueblo se ha levantado. Reclama el pago de las deudas sociales en materias como el sistema de pensiones, la educación, la vivienda y la corrupción gubernamental, entre otros.

La crisis fue in crescendo y ocurrieron enfrentamientos con los agentes del orden, saqueos, la quema de autobuses y estaciones del Metro, entre otras acciones que propiciaron que el presidente decretara «estado de emergencia» y «toque de queda» en algunas urbes.

El lunes pasado, tuvieron lugar protestas en Santiago y otras partes del país. La emblemática Plaza Italia tuvo una gran marcha pacífica, en la que entonaron canciones de Victor Jara, como símbolo de resistencia. Asimismo, en Ñuñoa se concentraron cientos de ciudadanos con cacerolas para expresar su descontento, también canalizado mediante el arte.

Sin embargo, Reyes está preocupada por los acontecimientos:

«Entre las personas que protestan se mezclan quienes quieren robar y causar violencia y más caos, y eso genera inestabilidad emocional para las personas que como nosotros que somos una familia normal. Nos da miedo que salgan a la calle las niñas, nos da miedo que haya confrontaciones, que haya carabineros y es por lo mismo, porque hay un caos a nivel social o gubernamental», expresa.

Tras intensos días en los que se registraron 15 muertes y cientos de detenidos; tras calificarse la reacción gubernamental como una vuelta a la dictadura; tras filtrarse un audio de la primera dama en el que decía que iban a tener que disminuir sus privilegios y compartir con los demás; Piñera reconoció su falta de visión:

«Es verdad que los problemas se acumulaban desde hace muchas décadas y que los distintos gobiernos no fueron ni fuimos capaces de reconocer esta situación en toda su magnitud. Reconozco y pido perdón», dijo en televisión.

Tratar que la vida siga igual, en medio de las protestas

Mientras transcurre el caos, las protestas y las luchas por el cambio, Nosizue trata de hacer su vida con normalidad. Está desligada de causas y partidos políticos debido a su congregación religiosa.

«En la mañana, después del toque de queda, tenía que salir de casa a comprar alimentos para mi familia. Nos detuvimos en uno de los pocos supermercados abiertos controlados, que tenían carabineros en las puertas. Solo dejaban entrar diez personas a la vez», recuerda.

Dentro, el comercio estaba muy desabastecido. No tenía lácteos y solo había un tipo de pan disponible, que se podía comprar de forma limitada. Cuando se fueron de ahí, hicieron un recorrido por la ciudad.

En Puente Alto, una comuna donde ocurrieron varias protestas, había personas intentando saquear un supermercado, aun con la presencia del resguardo policial. Quedaban también a la vista barricadas con fuego, encendidas durante la noche, en contra de la orden de toque de queda. Corría gente de un lado para otro. Nosizue sintió miedo de que la situación se saliera de control y llamó a sus hijas, que habían quedado en casa al cuidado de los abuelos. Estaba todo bien.

La madre de ella, Cristina, vive en un sector complicado de Santiago de Chile. Ahí han ocurrido muchas manifestaciones, más de 300 detenidos en esa comuna. Por suerte, la mujer estaba al cuidado de sus otros hijos.

«Cuando regresamos a casa, pudimos ver los estragos que había, la cantidad de gente en la calle para poder abastecerse. El combustible es muy limitado, las filas para obtenerlo son gigantes, de horas. Después de eso estuvimos atentos a la tele, esperando que el gobierno dijera algo; pero solo estaban los ministros llamando a la unidad, la tranquilidad, y mientras eso ocurría había marchas en todo el centro de Santiago», dijo.

A las cinco de la tarde y como cada día, su esposo tuvo que salir en el auto a recoger a los trabajadores de su empresa familiar. Un trayecto de media hora se convirtió en unas insufribles dos horas. Luego él le contó que en el camino lo detuvieron varias veces para que probara que no iba a una protesta.

Ese mismo día en la noche, Piñera anunció su paquete de medidas para acallar las protestas. Entre ellas:
• Establecimiento de un «ingreso mínimo garantizado» para todos los trabajadores a jornada completa de 350.000 pesos mensuales (unos US$480).

• Aumento inmediato del 20% de la Pensión Básica Solidaria y del Aporte Previsional Solidario, que se complementarían con otros incrementos adicionales en los años 2021 y 2022, para los mayores de 75 años de edad.

• Petición al Congreso de una discusión urgente del proyecto para crear un Seguro de Enfermedades Catastróficas, gracias al cual se establecería un techo al gasto de salud de las familias.

• Crear un seguro que ayude a cubrir el gasto en medicamentos y ampliar la cobertura de un programa existente de reducción de precio de los mismos.

Para Nosizue, el país tiene que cambiar o va a arder. Sobre el anuncio del presidente, asegura que «va a ser un bálsamo, pero en realidad es más profundo, es de décadas, sobre la Constitución, pienso yo, y también sobre quien maneja las cosas, ya sea quien sea.

»Existen problemas sociales, de crecimiento solamente económico para algunas áreas como la clase alta. Eso ha generado que sintamos frustración. De cierta forma las inequidades y la mala gestión e los que gobiernan —insisto, no importa el color político— no han podido satisfacer cosas tan importantes como la educación, la salud o el transporte»

«Es atemorizante ver cosas que jamás había experimentado, pero sé que hay una salida y a eso me aferro», agrega y parece que no es solo su opinión.

Este 25 de octubre ha sido convocada “La Marcha más grande de Chile”, una manifestación pacífica que pretende concentrar a miles de personas para continuar sus protestas y exigir el país que no se ha construido durante 30 años.

*Nosizue Reyes es la autora de la novela Fragmentos de ti, en la que narra la historia de una familia, en los tiempos de la dictadura.

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