Con/texto Magazine

Miedo y pobreza en el rebaño de la prosperidad

Existen congregaciones religiosas en Cuba que operan bajo sus propias leyes

Llegó hasta ahí para enfrentar el miedo. Esconderlo. Ahogarlo. Pero el ruido vuelve más pequeña la habitación y ahora teme la asfixia. Llevan una hora de pie, dando saltos y aún no aparece el milagro.

El sermón de hoy no habla de la liberación del espíritu ni de las tentaciones de la carne. Lo llenan de pragmatismo, cotidianidad, lo que queda, lo que importa. Todo le resulta demasiado familiar.

Nació en los primeros años de aquella terrible década, los noventa, justo cuando Cuba perdía la ilusión romántica de la igualdad. Fueron tiempos convulsos bajo el nombre Período Especial, un eufemismo para crisis profunda y extensa. Cambió el discurso, las formas de la propiedad y la conciencia colectiva.

De ese momento tres cosas importantes: llegó el mercado y los aspirantes a pequeños empresarios, se rompió definitiva y forzosamente la visión de un mundo bipolar y entró la globalización con sus nuevas libertades y simulaciones. La política también debió reciclar sus ejes de consenso, se declaró la condición laica del Estado y la cancelación del ateísmo como parte de la doctrina del Partido Comunista de Cuba.

La investigadora chilena Carolina Montero advierte que somos vulnerables en tanto nuestra comprensión de la historia y del mundo también lo es, y tras la disolución de las certezas que en otro momento definían el «marco interpretativo de nuestra identidad», se produce en un primer momento malestar, desorientación y parálisis. Para la resolución de la crisis, los hijos de la incertidumbre deben ser capaces de elaborar una narrativa más completa que la anterior, «que dé cuenta tanto de la crisis misma como de las nuevas creencias y certezas adquiridas a través de ella».

Abrazar nuevamente la religiosidad, hacerla pública y notoria, quizás fue uno de esos caminos para la sociedad cubana.

En Cuba están reconocidas legalmente 55 denominaciones protestantes y evangélicas, más del 60% se concentran en La Habana y alrededor del 50 profesan la doctrina pentecostal.

Para la primera década del siglo XXI se apreciaba gran variedad de nuevas formas que comenzaban a autodenominarse iglesias y movimientos, con disímiles maneras de expresarse e insertarse en la sociedad.

El líder

Adrián Pose es una extraña mezcla de absurdo con destellos de genio escondido. Puede terminar una anécdota intrascendente –la rotura de un reloj, por ejemplo– con una revelación profética. «Y Dios me dijo mientras estaba en su adoración: Yo rompo tu tiempo y traigo el mío».

Adrián Pose en Facebook

Su ministerio –fuera de las denominaciones reconocidas en el país–, se ha construido sobre oratoria y milagros, en especial estos últimos, que atesora y reproduce por diversos medios.

Pose es un líder en tiempos de influencers. Se anuncia en el paquete semanal, Facebook, Instagram y Youtube. Por eso el culto es documentado. La cámara persigue cada movimiento, delata el espectáculo, te hace partícipe, una parte esencial de que el milagro continúe.

En su perfil personal de la plataforma YouTube tiene más de 465 videos. «Señales, prodigios y maravillas» reza una de las listas de reproducción del canal. Ahí se ve a mujeres mayores con las manos llenas de polvo de oro, camas con escarcha verde que le llaman de esmeralda y testimonios de fieles asegurando haber visto diamantes en sus casas. Con todo, esto no es lo más impresionante.

Le doy al scroll. Se cargan más videos: «Bebé de 4 meses resucita de los muertos por el poder de Dios (milagro a distancia)», «Bola en su seno desaparece», «Loca viene desde el Hospital Psiquiátrico Mazorra y recibe sanación­», «Cáncer de mama y tumores en el mediastino desaparecen por la gracia de Dios», «Dios pone dinero en su cartera sobrenaturalmente». El rango de milagros es amplio y variado. La lista es larga.

Entre los fieles más conocidos ganados para su causa se encuentran humoristas de populares programas de televisión en Cuba. También personajes tan inusuales como el campeón de la Batalla de Gallos de 2016 en la Isla, el rapero David Rodríguez, alias El Ciudadano.

Pose es además un emprendedor, paradigma de estos tiempos. Ya cuenta con una agencia publicitaria cristiana: GloryTV, y ha escrito dos libros entre la autoayuda y el coaching, Cárceles de rechazo y Cómo ser hacedor de milagros, prodigios y señales. Ha declarado su admiración por políticos que los medios cubanos y la mitad del mundo desprecian: Jair Bosonaro y Donald Trump, cargados de fobias, estrategias efectistas y una retórica del horror.

Él no es el único sostén de Casa de Gloria. Toda la familia participa en la empresa de lanzar una nueva fe. Y cuando él se ausenta es su hermano, Jesusito, quien preside la misa. No lo llaman pastor o profeta… Solo líder.

«Recuerden, hermanos, que es importante que nuestros líderes se preparen para cuando la fe se expanda», lo presenta uno de los oradores.

Tanto Adrián como esos otros nuevos profetas y apóstoles sostienen su imagen sobre tres pilares: la autoridad de su liderazgo mesiánico, la familia y la comunidad.

Desde 1992 comenzó a extenderse en Cuba el concepto de casa culto. Ante la imposibilidad de construir nuevos templos, las misiones evangélicas en la Isla podían desarrollar su labor en espacios privados, en muchos casos la vivienda del pastor. Esta intimidad se acoplaba a la perfección con las formas de la religiosidad cubana, alejadas de los compromisos institucionales, y naturalizaba la presencia del culto en la comunidad.

También permitió aprovechar la expansión social de la religión y el considerable crecimiento de fieles, así como llegar a nuevos espacios. Hoy existen en la Isla más de 25 mil casas de culto evangélico registradas. Para muchos, son un pilar que sostiene lo que nadie más quiere o puede cargar.

¿Cuánto cuesta la fe?

Casa Gloria está en el límite de lo que una vez fue un barrio residencial de la antigua burguesía cubana: generales, doctores, propietarios de inmuebles; ahora ocupado por muy pocos herederos y varios nuevos ricos. Del otro lado, el paisaje obrero, aunque esa definición desde hace mucho es inexacta.

Estoy sentada en la última fila a la derecha, cerca de la ventana, al final de todo. Desde el estrado un hombre menudo pasa unos papeles a la audiencia: son sobres vacíos. La señora a mi lado levanta la mano y pide uno de los sobres. Saca de su cartera dos billetes de a 10 y uno de a 20.

Las redes sociales guardann testimonio gráfico de la comunidad de Adrián (de su perfil de Facebook).

Un señor de mediana edad que vino desde Bauta, en las afueras de la capital cubana, pone uno de 100 y varios de 50. Se abanica con el sobre, se da golpecitos con el papel en la mejilla. Levanta la mano y llama al chico de la puerta para que recoja su «siembra».

La siembra es una peculiar forma de conectarse con Dios, de confiar en su gracia y la de sus profetas. La cosecha puede llegar en las más diversas formas: la recarga sobrenatural del saldo de los celulares o de la cuenta bancaria.

En sus sermones, Adrián recuerda a sus seguidores (solventes o no) de no pecar por ingratitud y ser fieles con los diezmos y ofrendas.

«Jesús murió en la cruz, entre otras cosas, por nuestra prosperidad financiera», anuncia en Facebook Live para el programa de Paparazzi Cubano.

La pobreza no es una condición social, es un espíritu de las tinieblas, subyace en el discurso de quienes comulgan con la teología de la Prosperidad –en ocasiones llamada evangelio de la salud y la riqueza, Movimiento de la palabra de Fe, o Evangelio de la Riqueza–.

David Stoll considera al pentecostalismo (del que derivan muchos de los nuevos movimientos) base para la reforma social en Latinoamérica por su forma segura de llegar a los pobres, su destreza para crear estructuras firmes que se van adecuando a condiciones sociales variables y su libertad frente a las relaciones con la sociedad y el Estado.

En el caso cubano, la liturgia de aceptación de un destino marcado por la inmovilidad tiene pocas posibilidades frente aquel que lanza la promesa de progreso y la unción para romper con los demonios que designan tu fatalidad.

Aún se sostienen las brechas sociales y la desigualdad en el acceso al consumo y las oportunidades que derivaron de los cambios de la década de los noventa. Si en 1986, el coeficiente Gini en Cuba se situaba entre 0,22 y 0,25, ubicándola como una de las sociedades más equitativas de la época; hoy ha ascendido a 0,40; considerable marcador de desigualdad, asegura el economista cubano Omar Everleny.

Las redes apostólicas aportan vínculos sociales que facilitan la movilidad: la relación con emprendedores o personas en posiciones de poder permite el acceso a empleos mejor remunerados y brinda soluciones a problemas materiales que no resuelven el Estado u otras instituciones no gubernamentales.

Por otra parte, el restablecimiento de las relaciones de las iglesias cubanas, especialmente las protestantes, con sus homólogas en el exterior, sobre todo en los EEUU, posibilitó que pudieran intervenir en las comunidades con ayuda humanitaria (medicamentos, ropas, aseos y proyectos). Para los cubanos la prosperidad es más que una necesidad práctica.

En 2014, la psicóloga Daybel Pañellas indagaba entre varios grupos sociales su visión sobre el poder. Para la mayoría resultaba más realizable un empoderamiento económico que político: el primero se relaciona con estrategias individuales de desarrollo, mientras el segundo depende de un ordenamiento ajeno para muchos: «la decisión de otro».

La guerra espiritual contra el diálogo

«Padre Celestial, yo rompo el poder del diablo que ciega a (nombre de persona, lugar, localidad o nación) y le ordeno, en el nombre de Jesús, que lo suelte. Declaro que el velo que ciega su mente cae ahora mismo. Quebranto toda ceguera espiritual, Orgullo y soberbia». (Oración de Guerra del ministerio Apostólico y Profético).

Pose, como tantos otros, tiene un país que transformar, una guerra espiritual contra los demonios de las religiones paganas (que ha expulsado lanzando sus ídolos a la basura), la homosexualidad, el matrimonio igualitario y el aborto.

Desde su visión profética no solo declara sus valores, también el abismo que sobrevendrá para quienes decidan negarlos.

La veneración a las posiciones de extremos, la exégesis de lo fundamental, levantarse en contra más que a favor, el uso del miedo como arma, de la incertidumbre como terreno blando donde crece una mentalidad de asedio, desde hace mucho forma parte de lo que es Cuba.

Es una guerra por el «sentido común». Nadie lo duda.

El más reciente referendo constitucional y los debates que lo acompañaron así lo reflejaron. Entre los artículos más polémicos del proyecto de Carta Magna, y que luego desaparecería, promulgaba la institución del matrimonio entre dos personas, abriendo la posibilidad de que parejas del mismo sexo pudieran proteger su unión bajo la ley.

El movimiento ciudadano que desató esta posibilidad mostró de forma notoria el alcance del pensamiento conservador, fundamentalista en ocasiones, de algunos líderes y feligreses.

La presencia creciente de una ola de fundamentalismo, que también se ha hecho sentir en diferentes países de Latinoamérica, contra las acciones de otros movimientos cívicos que promueven protección y derechos para grupos preteridos, ya forma parte de la realidad nacional aunque sus señales a veces sean dispersas.

La prosperidad es la esperanza. Foto: Fernando Medina

A pesar de que la capacidad de la sociedad civil para incidir en las políticas públicas sigue siendo limitada, el momento parece ser de una lucha por definir y afianzar posiciones de poder.

A diferencia del pasado cuando la mayoría de los actores sociales parecían relegar la transformación del país y la política a un otro indefinido, hoy muchos muestran un creciente interés por ser reconocidos dentro de esta y aumentar sus capacidades de agenciar el cambio, institucionalizándose y definiendo espacios de autonomía.

Hace unos meses, siete instituciones eclesiásticas de diferentes denominaciones –todas registradas y en su mayoría con más de 60 años de fundadas– anunciaron la conformación de la Alianza de Iglesias Evangélicas de Cuba como contraparte del Consejo de Iglesias de Cuba, única representación reconocida por el gobierno cubano.

La agenda de la AIEC aún no es clara. Sin embargo, declaran que no tienen fines lucrativos o políticos, y se enfocaran en la unidad y en la «defensa de la doctrina y principios bíblicos comunes».

La condición laica del estado cubano debería protegernos de no ser devorados por el miedo o la intolerancia. Que cada uno tenga derecho a profesar sus creencias, pero no a imponerlas o legislar desde ellas sobre el resto de los ciudadanos.

Aún debe institucionalizarse la capacidad social para proteger la libertad de todos y cada uno, demandar derechos en los que no se había reparado y ahora constituyen vacíos que dejan vulnerables a muchos. De otra forma, esta será una guerra con muchas bajas.

Un comentario sobre «Miedo y pobreza en el rebaño de la prosperidad»

  1. articulo genial, ver en Fb como se maravillan por un tin de purpurina verde (aka escarcha de esmeralda) me da risa primero y un poco de miedo después, por la pasividad con que mucha gente anda aceptando cualquier bulo

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