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Llévame en tu bicicleta: un caso de emprendedoras cubanas

Las emprendedoras cubanas aportan a la economía del país

Nayvis Díaz es una emprendedora cubana de 42 años que decidió apostar por un negocio de arrendamiento y reparación de bicicletas en La Habana. Levantar un proyecto de cero, y hacerlo rentable ―además de conocimientos sobre marketing, mercado, economía…―, requiere de una altísima dosis de pasión.

“Cuando me decidí a hacer mi propio proyecto quise hacer algo diferente y que se necesitara en la ciudad. Estudié el mercado y me di cuenta de que había una oportunidad con la bicicleta. Me uní con la cofundadora del negocio, Daylin Carbo, quien fue ciclista profesional, y arrancamos”.

La relación de la empresaria con las bicicletas data de los años noventa, cuando en Cuba este fue el medio más socorrido por los ciudadanos, ante el descalabro del transporte público, producto de la crisis económica acaecida por la desaparición del principal socio comercial de Cuba: la extinta Unión Soviética.

Según cuenta, mientras estudiaba Ingeniería Industrial en el periodo 94-99’ tenía que desplazarse 20 kilómetros desde su barrio, en el Vedado, hasta la Ciudad Universitaria José Antonio Echevarría (CUJAE), ubicada en las afueras de la capital.

La igualdad de género incluye los derechos económicos

Nayvis no es un caso aislado en el contexto regional: el número de emprendedoras crece cada año en todo el mundo, pero especialmente en América Latina, donde países como Brasil, en el que una de cada tres empresas son propiedad de mujeres.

De acuerdo con estudios del Banco Mundial, la productividad en América Latina y el Caribe podría aumentar un 25% si se impulsara la capacidad emprendedora de las mujeres. Ellas representan más del 40% de la población económicamente activa en la región, pero su aporte como emprendedoras se reduce al 15%.

En Cuba las mujeres no tienen impedimento para acceder a créditos, como ocurre en otros países de América Latina. Sin embargo, hasta el momento no existen fondos de ayuda enfocados en este grupo. Al decir de Ileana Díaz y Dayma Echevarría en su texto Mujeres emprendedoras en Cuba: análisis imprescindible, «las mujeres que intervienen en el sector por cuenta propia poseen potencialidades para gestionar negocios exitosos, sin embargo, no son aprovechadas por ausencia de programas y acciones de apoyo lo que las direcciona hacia el trabajo contratado».

Ellas tienen que emular junto a los hombres en las solicitudes de créditos bancarios que les permitan arrancan su negocio. No obstante, en investigaciones del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC) se han identificado limitantes para las mujeres, ya que, por lo general, han estado alejadas de la propiedad sobre los activos.

Por otro lado, el acceso a los créditos bancarios requiere un grupo de exigencias a las que pareciera las mujeres tienen mayores dificultades para satisfacer, como: búsqueda de codeudores, estudio de factibilidad, entre otros, de acuerdo con Dayma Echevarría y Teresa Lara en Cambios recientes: ¿oportunidad para las mujeres?. Muchas, como es el caso de Nayvis, invierten su capital personal; otras emplean las remesas que les envían del exterior, o recurren a préstamos informales (en reiteradas ocasiones con altas tasas de retorno).

Además, las emprendedoras se enfrentan a un elemento subjetivo, pero de gran peso en la gestión de sus negocios: la mentalidad machista imperante.

El movimiento feminista, que tanto auge ha tomado en nuestra área en tiempos recientes, aboga por una igualdad de género que incluya los derechos humanos y los económicos, pues estos se revierten en beneficios para las familias, las comunidades y las economías nacionales.

VeloCuba, un negocio inclusivo

Al concebir el proyecto, Nayvis y su compañera tenían la intención de que fuera un emprendimiento femenino, pues valoran que es una actividad como otra cualquiera, que puede ser desempeñada tanto por mujeres como por hombres. «Es una manualidad, como lo puede ser la costura o la cocina. No obstante, no es un negocio exclusivo de mujeres: desde el principio también hemos tenidos hombres en plantilla».

Actualmente, VeloCuba es reconocido en la ciudad por los amantes de las bicis, pero hacerse de una reputación en el mercado cubano no fue fácil. «Al principio yo era la única ayudante, y organizaba un poco los tres quilos que ingresábamos: tenía que hacer de todo. Creo que los empresarios deben saber hacer la actividad a la que se dedica su negocio. Deben ser capaz de empezar de cero, de enseñar a otros a hacerlo; si no, no te sale bien. En mi caso, mi especialidad es diseñar puestos de trabajo, si no sé de qué va el trabajo ¿cómo voy a organizar un negocio?».

En los inicios la curiosidad de la clientela por ver a mujeres reparando bicicletas las ayudó a conseguir encargos. El emprendimiento fue ubicándose poco a poco en el mercado privado cubano, y al año y medio tenía 10 trabajadores. No obstante, un punto de giro en la vida de VeloCuba ha sido el proyecto comunitario Habici, con el cual subieron su plantilla a 22 empleados, al lograr una alianza con una entidad estatal.

Habici, unión público/privada

En Cuba son relativamente pocas las uniones público/privadas, y Habici es un ejemplo de lo fértil que puede ser este terreno para desarrollar iniciativas que tengan un impacto directo en la calidad de vida de los ciudadanos. Según cuenta Nayvis, VeloCuba y la Oficina del Historiador de la Ciudad han creado un sistema de trabajo en el cual el órgano estatal aporta la infraestructura: una oficina ubicada en Prado #20 y las bicicletas para alquilar; y VeloCuba se encarga de la gestión de todo el proyecto.

«Comencé a trabajar con la Oficina del Historiador desde un año antes de que abriéramos el establecimiento, comprobando dónde abriríamos los estacionamientos y otros temas logísticos. Ellos fueron receptivos a nuestras ideas, lo cual fue muy bueno.

»Seis meses antes comencé a contratar al personal que estaría trabajando en el proyecto, enseñándole todo lo que tiene que ver con las bicis, además de atención al cliente».

Para esta emprendedora la equidad es una máxima: todos los trabajadores rotan por las distintas funciones de la empresa, de manera tal que no tienen privilegios unos sobre otros. El trato respetuoso al cliente, la disciplina, la puntualidad, la conciencia social… son elementos imprescindibles para formar parte de Habici.

En el proceso de desarrollar en negocio, se han enfrentado a innumerables problemas, incluidos algunos robos y, sobre todo, el mal uso de las bicis que hacen algunos clientes.

«Esta es la primera iniciativa de alquiler de bicis –a precios módicos– que existe en la capital, por lo que gran parte del trabajo ha sido generar conciencia en los usuarios para que cuiden el vehículo, respeten las reglas del tránsito».

Los clientes deben ser mayores de 18 años, y provienen sobre todo de los municipios de Centro Habana y Habana Vieja, en correspondencia con los puntos de alquiler que tiene habilitado Habici actualmente, aunque la aspiración es abrir otros, teniendo en cuenta la demanda creciente de los clientes.

Dice Nayvis que «la mayoría son usuarios habituales. Algunos lo utilizan para llevar a sus hijos a la escuela, otros para hacer ejercicios, también algunos emprendedores lo utilizan para realizar gestiones de sus negocios. Sobre todo, predominan los clientes hombres, por lo que estamos incentivando el uso de la bici en las mujeres. Para eso estamos enseñando los sábados en las mañanas a las personas que no saben montar».

Mecánicas de bicis

Giselle Alberdi Guerra tiene 24 años y ya es la coordinadora del grupo de jóvenes que administra Habici. Es de pocas palabras, nunca ha dado entrevistas; pero cuando hablamos de bicicletas se relaja, porque de eso sí sabe. Según cuenta, lleva solo seis meses contratada en VeloCuba y antes de este trabajo no sabía absolutamente nada de reparación de bicicletas.

«Sabía montarla, reconocía algunas de sus piezas, pero nada más. Estuve cerca de un mes en una especie de ‘escuelita’, donde me enseñaron todo lo referente al tema, tanto práctico como teórico», cuenta, en la recepción de Habici, ubicada en Prado #20.

Comenzó siendo mecánica en VeloCuba, y cuando abrieron el proyecto Habici se sumó desde el principio. Ahora su trabajo consiste en estar al tanto de lo que necesitan los trabajadores en cada punto de alquiler y dar recorridos por las tardes, antes de cerrar el negocio. Una parte fundamental del día es la entrega del ciclo, pues los empleados deben revisarlos exhaustivamente para determinar cualquier desperfecto causado por el mal uso.

“Este es un trabajo lo mismo para hombres que para mujeres, no tiene nada de malo que una se engrase trabajando la mecánica. Es más bien de maña, aunque se requiere fuerza en algunas ocasiones. En esos momentos pedimos ayudas a nuestros compañeros”, comenta Giselle, quien reflexiona un momento y concluye: “no está mal pedir ayuda”.

Un comentario sobre «Llévame en tu bicicleta: un caso de emprendedoras cubanas»

  1. Ailyn,
    vengo a visitar Havana con mi familia y estamos interesados en conocer y utilizar servicios ofrecidos por mujeres emprendedoras.
    Existe aun el VeloCuba ? Me podría dar una dirección? Prado #20 no me sale el Google Maps…
    Podría recomendar otros negocios creados por mujeres ?
    gracias!

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